sábado, 5 de julio de 2014

Brasil en el chalet [2006]

No soy muy amigo de las vacaciones “para desconectar”, pero este verano estaba siendo demasiado intenso. Así que cuando me ofrecieron las llaves de esa casa perdida en un terreno enorme lleno de árboles a sólo una hora de Madrid no me lo pensé. Unos días para dormir, descansar y tomar el sol desnudo en mitad de la naturaleza. Sin móvil, sin internet, sin reuniones ni nada demasiado exigente. Sin chicas, eso sí. Sin sexo con otras personas a parte de mí mismo. Pero bueno, una nueva experiencia...

Cuando ya llevaba tres días sólo estaba muy relajado y a gusto, pero empecé a echar de menos algo de conversación. Mi piel es muy blanca, y ya me había quemado pese al factor 32. A los diez minutos de encender el teléfono me llamaron Gabriela y Eduardo. Gabriela es una escort brasileña de 22 años a la que ya le había hecho un par de sesiones de fotos. Edu es su marido. Dos años mayor, un monitor de gimnasio también brasileño, moreno y muy simpático. Una pareja divertida y muy guapa, sin duda alguna. Ella cobra 400 euros por una hora de sexo, y se alquila en las mejores agencias a través de catálogos fotográficos. Con mis fotos. Aluciné cuando me lo contó, yo desconocía ese mundillo. Con ellos siempre habían sido sesiones de fotos repletas de risas y provocación, pero nada más. Casualmente me llamaban porque buscaban unas fotos nuevas, esta vez en exteriores. Gabriela quería unas fotos rodeada de árboles, su cuerpo bronceado y brillante al sol de agosto. Tremenda coincidencia.

Al día siguiente a las doce de la mañana ya estábamos en plena sesión de fotos. Ella lucía preciosa. Más rubia de pelo y más morena de piel que nunca. Después de dos meses en Brasil, la marca de su bikini era un poco exagerada. Pero eso a algunos nos gusta. Nos pone. Se había traido todo un muestrario de trajes de baño, bikinis, monokinis, trikinis, tangas y complementos. Verla bajo la ducha entre dos árboles era todo un espectáculo. Hicimos varias series de fotos conjuntas, ella con su marido, y la tarde entera nos la pasamos con desnudos integrales de ella. Nunca duran tanto las sesiones, pero a gusto y con amigos el tiempo se pasa volando. Me tocó tragar saliva un par de veces, concetrarme para ser un buen profesional mientras Edu y yo vaciábamos media botella de aceite por sus piernas. A mí me tocó la parte de atrás, y sufrí masajeando sus piernas esculpidas por horas de aerobic y su culo grande y duro, brasileño… curvilíneo, de cadera excesivamente ancha y cintura demasiado estrecha…

Cuando volvimos al chalet eran casi las 9. El día había sido cansado y divertido, yo tenía los hombros totalmente rojos y las piernas cargadas. Les ofrecí quedarse a dormir. Había habitaciones de sobra y supuse que no les apetecería conducir hasta Madrid. Aceptaron entusiasmados, y nos dimos una ducha antes de la cena. Su conversación era muy agradable, así que se presentaba una velada entretenida. Él se dedicó a la barbacoa mientras yo preparaba una barbaridad de mojitos. Servimos la comida en la parte de atrás del chalet, y con el alcohol estábamos muy animados. Me encantan las noches de verano en el campo. Me encanta ese olor a naturaleza. Buena compañía, buena comida, muy buena bebida y la sensación de que las horas pasan a toda velocidad. Con los helados a ella le apeteció un porrito, y entre calada y calada me contaban anécdotas de su trabajo. Sí, efectivamente. Curiosidades sexuales de gente rica e influyente. Las fantasías de algún político, o las deliciosas perversiones de algún empresario. Yo sólo escuchaba, estaba fascinado viendo cómo el sexo tenía para ellos dos significados tan distintos. Por un lado era su trabajo. Sí, a veces ella lo pasaba bien trabajando, pero por otro lado el sexo con su marido. tenía un significado absolutamente diferente. Totalmente distinto. Pero yo había entendido mal. En realidad noo había dos significados para el sexo, sino tres. Además del trabajo y del amor también ellos entendían el sexo como diversión pura y dura. Sexo con otras personas. Y me lo explicaba mientras se desnudaba sonriendo.

“¿No te apetece follar ahora?”, fue su pregunta, directa y escueta. Hacía tiempo que no había provocaciones ni bromas sobre el tema. Yo la deseaba, pero no se me había pasado por la cabeza que fueran una pareja tan liberal fuera del trabajo de ella. Institivamente le miré a él, y vi que me sonreía divertido. Me guiñó un ojo que entendí como un “adelante”, y cuando volví a mirarla a ella me estaba quitando el bañador. “Mmmm, buena polla”, me dijo justo antes de metérsela en la boca y empezar la mejor mamada de mi vida. Menuda sensación. Ella arrodillada en la hierba, chupándomela con unas ganas increíbles mientras su marido recogía la mesa y ponía música. Dejó sólo la luz de las velas, era tremendamente sensual ver a Gabriela con sus gruesos labios subir y bajar por mi polla empapada… en el cielo se veían muchísimas estrellas, lejos de la contaminación. En cinco minutos él volvió de la casa totalmente desnudo. Supercachas y totalmente depilado, masturbándose lentamente. Se quedó de pie mirándonos a dos metros, sonriendo y cada vez más excitado. Ya la tenía durísima, más o menos igual de grande que la mía, aunque un pelín más delgada. Pero totalmente depilada. Me pilló de sorpresa cuando se agachó para besar a su preciosa mujer y jugaron sus dos bocas con mi polla. Ya había probado esa sensación antes, dos personas pasandose mi polla de una boca otra, pero eran dos lenguas femeninas las participantes. Seguí disfrutando por un rato, aguantando. Me sentía a punto de explotar, todo había sido muy rápido y totalmente inesperado. Por fin ella se subió sobre la mesa, a cuatro patas, mientras se la chupaba a su marido que la esperaba de pie en la cabecera. Entre el alcohol, la postura de ellos dos y sus cuerpos perfectos, operados y esculpidos en el gimnasio tuve la impresión de estar dentro de una película porno de alto presupuesto. Dudé un segundo si ir con él a la cabecera de la mesa en la que estaba la boca de ella o si dirigirme directamente a la cabecera opuesta. Al final opté por esta zona y empecé a besar su culo y sus piernas, a pasar mi lengua recorriendo desde el clítoris hasta el ano, rápido y fuerte. Ella estaba muy sensible, caliente y empapada. Temblaba cada vez que yo pasaba por allí, se escuchaba un gemido ahogado que salía de su boca ocupada por la polla de su marido. Mmmmm, ella tenía esa mezcla de sabores, mitad de piel recién lavada mitad de jugos íntimos, fruto de su excitación. Junté sus rodillas mientras seguía chupando por detrás, una postura muy difícil para llegar con la lengua a su clítoris, pero que si sale bien y ella se dobla a fondo suele ser increíble, se crea muchísima fricción en su zona más sensible. Efectivamente la escuché gritar y jadear con los ojos cerrados mientras a su marido simplemente le pajeaba, se había sacado su polla de la boca para concentrarse en su propio placer…

En cuanto se recuperó un segundo me miró con una sonrisa preciosa señalándome los condones. Yo seguía excitadísimo. Hacía muchos años que no follaba con una pareja, y siempre hay algo en la situación que multiplica el morbo… No dejé que separa las rodillas, directamente se la metí desde atrás mientras ella hacía presión. Volvió a gritar a la tercera embestida, y es que parecía que su coñito era muy estrecho, aunque estaba generosamente lubricado. Eran gritos de placer, unos gritos exagerados que siempre me ponen muy burro... No había gente en kilómetros a la redonda, y empujado por sus gritos me dejé llevar y me subí yo también de rodillas en la mesa. Ella seguía a cuatro patas, con las rodillas cerradas y yo desde atrás chocaba una y otra vez contra su culo brasileño, generoso en carnes y con una minúscula marca blanca del tanga sobre la piel. Rodeaba su cinturita con mis manos, empujando más y más fuerte sus caderas contra mí. Estaba sudando, moviéndome muy deprisa, embistiéndola muy fuerte, casi poseído. Sus gritos me animaban a no parar, a no decaer, pese a que me empezaba a doler la zona lumbar… “No pares… no pares… dame fuerte…” fueron sus únicas palabras antes de estallar en su segundo orgasmo, mucho más escandaloso del primero. Entre sus gritos y las contracciones de su coño no aguanté ni un minuto más y me corrí yo también, en una embestida aún más fuerte que no hizo sino animarla en su movimiento de caderas, un movimiento que no he conocido nunca en ninguna otra mujer estando a cuatro patas debajo de mí.


Al darse cuenta él me sonrió una vez más. Ella seguía chupándosela, aunque sospecho que la mitad del tiempo no había tenido su polla en la boca. Sudoroso me separé y me quité el preservativo. Todavía desnudo me alejé unos metros hasta la ducha del jardín, sólo de agua fría y me metí debajo del chorro sin titubear. No les veía porque había un seto como separación, pero aún podía escuchar cómo ella gemía. Dejé que el agua fría me lavara bien, limpiara el sudor de mi espalda y el semen de mi polla, y después aún me quedé cinco minutos más, pensando en lo que me acababa de pasar. Estaba con los ojos cerrados cuando me sobresaltó alguien a mi lado, un cuerpo buscando una parte del agua fría. Era Gabriela. Estaba sonriente y tenía dos chorros blancos de semen cruzando su cara. Me miraba y se reía mientras se limpiaba la cara. “Ha sido increíble”, acerté a decir. Su sonrisa derivó en una sonora carcajada nerviosa justo antes de que me abrazara y me empezara a besar bajo la ducha. Estaba guapísima sin maquillaje y con el pelo mojado, y mientras la besaba mis manos instintivamente empezaron a acariciar su culo. Y bajo el agua fría se me empezó a poner dura otra vez, de forma casi inmediata. “Nos vamos a la cama”, me dijo mientras me cogió la polla y me condujo hacia el chalet… “pero no a dormir”. Aunque esa es otra historia, y como sabéis me gusta más contaros el principio que el final…

viernes, 23 de agosto de 2013

Ana y Ángel [2] [2004]

Ya os he hablado de Ana y Ángel ¿verdad? Una pareja encantadora, a la que conocí por casualidad y que se convirtieron en mi pareja cómplice de amantes ocasionales. Él es delgado, moreno y fibroso. Bisexual muy activo y un amante incansable. Ella es tímida, algo llenita pero preciosa de cara. Con unas curvas para perderse en ellas, de piel suave, tímida y un volcán cuando se calienta.

Durante mucho tiempo quedamos una o dos veces al mes en unos apartamentos por horas. Siempre empezamos de charla, con unos bombones y un poco de champán, y poco a poco comenzamos dos o tres horas de sexo sin contemplaciones. Yo intento complacerlos. Les gusta utilizarme a su antojo, pero son muy respetuosos. Cuando nos conocimos buscaban un chico bisex para que jugara sobre todo con él mientras ella miraba, y participaba de acuerdo a sus deseos. Pero lo cierto es que en realidad sobre todo la complazco a ella. Ningún día nos vamos sin que la haya follado en cinco o seis posturas, sin que la haya arrancado tres o cuatro orgasmos ya sea con mi polla o con mi lengua… A él le dejo tocarme y lamerme. Cuando se calienta le encanta ver cómo se la chupo de rodillas en el suelo, y a mí me gusta que me coja la cabeza e intente meterme entera su gran polla en la boca. Sé que se muere por metérmela por el culo, pero lo hemos intentado varias veces y no funciona, siempre me acaba doliendo.

Una noche lluviosa me citan en un hotel a diez minutos de mi casa. Quieren pasar la noche conmigo. Quieren hacer algo especial. Me tienen preparada una sorpresa. A mí me encanta la idea, claro. Con los nervios apenas puedo dormir la noche anterior. La tarde del encuentro repito mi pequeño ritual de higiene y morbo. Me rasuro el pecho y el pubis muy cortito, y me afeito cuidadosamente la barba. Me tiro una hora en el baño preparándome mientras no dejo de imaginarme los detalles de la velada. Me ducho y me unto crema por el cuerpo, e incluso me doy un toque de colonia poco habitual en mi día a día. Luego me visto saliéndome de mi uniforme habitual, con unos pantalones más ajustados y una camisa. A veces incluso me pongo zapatos. 

Al llegar al hotel me espera Ángel en la puerta. Pasamos alguna dificultad para subir a la habitación, porque a la recepcionista le parece sospechoso que un chico de veintipocos años muy arreglado suba a la habitación de los que dicen ser sus tíos. Se ve que no se cree nada, pero al final me sonríe y mira para otro lado. Al llegar a la habitación allí está Ana, preciosa como siempre. Después de los habituales besos y abrazos veo que me mira muy sonriente. Se le nota nerviosa e ilusionada. Me señalan la cama. Está llena de lencería. “Es para ti”, me dice Ana con la voz entrecortada. Se me acelera el corazón. Aún más de lo que lo tenía al subir. Les he contado mil veces mi fantasía de convertirme en una putita complaciente. Y han decidido ayudarme a hacerla realidad, al menos un poco. “Vuelvo en media hora”, nos dice Ángel guiñando un ojo. “Avisadme cuando estéis listas”, añade socarrón. 

Desde ahí estoy tan nervioso que me dejo llevar… me tiembla el pulso, y estoy excitadísimo. “Venga, rápido, desnúdate”, me dice Ana. Está también nerviosa, pero se la ve muy emocionada. Siempre que les he contado mi fantasía le brillaban los ojos, y ahora tiene tanta ilusión como yo. Me desnuda y me mete en la ducha. Sin pensárselo dos veces me depila íntegramente desde el culo hasta los dedos de los pies. Mis piernas están morenas después del verano, y brillan incluso antes de que me las llene de aceite con olor a lavanda. Luego llega la parte difícil. Me lava el pelo para secármelo de forma diferente. Me queda muy ahuecado y brillante, no sé qué me habrá echado. Y me maquilla. Mucho negro en los ojos y rojo en las mejillas. La verdad es que creo que se le fue un poco la mano, pero se trata de conseguir el look prostutita. Y se consigue. Después de casi una hora en el baño pasamos al dormitorio.

Automáticamente mi polla se vuelve a endurecer al ver las medias. Muy despacio me enseña a ponérmelas y me las ajusta bien. Son unas medias de gasa negra muy suaves. Estoy excitadísimo con la sensación de esa suave tela contra mi piel… Para rematar tienen un culotte de encaje que me queda un poco ajustado, pero me encanta. El sujetador también me está justo, y lo rellena con unos calcetines que me hacen un pecho enorme. Me pone un suéter blanco de lana ajustadísimo y una falda de colegiala, plisada a cuadros verdes. Mi fantasía era más bien de estilo secretaria, con blusa, corsé y falda negra de tubo, pero aún así noto el encaje del culotte contra mi polla durísima. Uff, me miro al espejo de la habitación y me excito aún más. No creo que por la calle pasara por una chica de verdad, pero me gusta verme así. Ella opina lo mismo. Siempre me sonríe, y lleva ya un rato en el que cada vez que me ayuda con algo me acaricia la pierna, o me da un cachete en el culo. Saca el móvil y manda un mensaje a su marido. Me mira de arriba a abajo y me sonríe: “ahora te falta el toque final; siéntate”. Me siento en la cama mientras ella saca una caja del armario. Zapatos. De tacón alto. Preciosos. Altísimos. Cuero negro. Hebilla al tobillo. Doce centímetros. Son perfectos. Me los pone muy cuidadosamente, y me ayuda a levantarme. Me hacen un poco de daño, pero estoy emocionadísimo. Camino un poco por la habitación. Afortunadamente tiene moqueta y no hace demasiado ruido. Me planto delante del espejo y alucino con mis piernas. Encima de los tacones tengo unas piernas fuertes, pero preciosas. Moldeadas. Ella se acerca a mí y me acaricia las piernas. Me da la vuelta y me levanta la falda. Me veo el culo en el espejo, y me parece que es sensacional. Llaman a la puerta.

Ella me mira a los ojos y me sonríe. “Disfrútalo”, me dice. “Y hazle disfrutar”, añade guiñando el ojo izquierdo  mientras abre la puerta. Entra Ángel, y me mira de arriba abajo. Automáticamente aparece un bulto en su pantalón, aunque no dice nada. Sigue mirándome durante un rato, dando vueltas alrededor. Se va acercando a mí, y por fuera del pantalón se acaricia su polla enorme. Toca mis pechos de mentira, pero me estremezco. Pasa una mano por mi mejilla maquillada, y me vuelvo loca. Baja para acariciarme las piernas, y la sensación de una mano fuerte por fuera de las medias hace que cierre los ojos y el corazón se me acelere. Le noto más caliente que nunca. Me coge de la cintura e intenta besarme, pero giro la cabeza. Sabe que no me atrae besar a otro hombre, y se desvía para besarme el cuello. Suspiro. Estoy deseando hacer algo más, pero estoy paralizado. Quiero estar de rodillas con su polla en mi boca. Pero él se toma las cosas con calma. Se pone detrás de mí, sigue besando mi cuello. Sus manos aprietan mis pechos y bajan delicadamente por mis piernas. Me aprieta contra él, mostrándome su polla inmensa contra mi culo. Sus manos buscan mi polla, pero no la coge, sólo la acaricia por fuera de las bragas y la falda. Me levanta la falta y me obliga con un movimiento a mostrarle lo mejor de mi culo, levantado por esos espléndidos taconazos. Apoyo los brazos en la cómoda tratando de complacer su capricho, y en seguida noto sus manos acariciando mi culo. El culotte cubre más o menos la mitad, pero el lo acaricia entero. La piel que queda fuera del encaje y por encima de la suave tela. Mete una mano a duras penas entre mi piel y las bragas, se gusta en cada caricia. Una fuerte palmada cae sobre mi culo, y sin saber cómo dejo esperar un pequeño grito femenino entre mis labios.

El sonido actúa como un resorte en su deseo. Me da la vuelta y me acuclilla frente a él. Desabrocho su pantalón y sin juegos previos mis hambrientos labios rojos engullen su polla casi entera. Ángel levanta su cabeza, la echa para atrás cerrando los ojos mientras su mujer se masturba en la butaca. Ella está totalmente desnuda, y en cuanto empiezo a chupársela a su marido se mete dos dedos. En menos de un minuto se corre escandalosamente, gritando y jadeando, sin dejar de mirar cómo mi boca se llena y se vacía rítmicamente, cómo una enorme polla juega con esos labios que ella maquilló cuidadosamente un rato antes. Yo estoy excitadísimo, llevo mucho rato empalmado. Estoy deseando correrme, pero en ese momento decido que aunque la fantasía sea mía no voy a correrme hasta que ellos hayan disfrutado a tope.

Parece que él no puede más. Ella se va al baño, y Ángel me aparta un metro. Sin dejar de mirar mi boca empapada se desnuda completamente y se tumba. Me ordena que me acerque. Gateo hasta su polla, y de nuevo comienzo a chupársela, aunque esta vez mucho más despacio. Me la meto entera en la boca, hasta la garganta, pero muuuuy despacito. Luego paso mi lengua por toda su polla, apretándola contra su pubis… al final cojo su capullo con la lengua y lo succiono, lo cubro con mis labios rojos y jugueteo con mi lengua. Disfruto chupándole la polla, disfruto como nunca había disfrutado. De repente doy un respingo. Ella ha vuelto y me quita el culotte. Ya no está desnuda. Lleva un arnés con un consolador delgadito. Sin dejar de sonreír me pregunta “¿puedo?”. No contesto. Sólo sonrío. Y vuelvo sobre la polla de Ángel. Siento una lengua jugando en mi culo, arriba y abajo. Me dejo llevar. Ya no puedo concentrarme. Sigo lamiendo la polla de Ángel, pero ya no soy dueño de mis movimientos. Mientras ella juega con su lengua con una mano coge mi polla para darse cuenta de lo dura y caliente que está…

Tres minutos después noto un gel muy frío, y luego un dedo entrando sin oposición aparente. Tengo la polla de su marido en la boca, pero me quedo congelado. Disfrutando de la sensación. Estoy tan caliente que me encanta. Me saco la polla de Ángel de la boca y le masturbo con la mano, mientras su mujer me folla con el arnés. Yo grito con cada embestida. Ella también. Nunca la había visto disfrutar tanto. Me folla con los ojos cerrados. Grita mordiéndose el labio inferior, y a la vez yo jadeo. Le dejo disfrutar un rato, pero yo quiero una polla de verdad. No tarda en volver a correrse, y justo aprovecho para pedirle un condón. Sigo chupando a su marido, pero en cuanto vuelve le pongo el preservativo y me subo encima de él. Le doy la espalda, quiero que disfrute de la vista. Mi precioso culo siendo atravesado por su enorme polla. Le monto, y vuelvo a excitarme al sentir mis zapatos de tacón, uno a cada lado de su cuerpo. Sitúo su polla justo en el lugar adecuado, arqueo la espalda y bajo mi cuerpo. No entra. Duele un poco. Su polla debe ser cinco veces más gruesa que el consolador. Ana trae un poco más de lubricante, y me ayuda sujetando la polla de su marido por la base. También coge mi polla con la otra mano, y yo vuelvo a intentarlo. Noto cómo esa polla tan gruesa se desliza dentro de mí, centímetro a centímetro. Ya no me duele. Nunca había estado tan excitado. Cuando está la mitad dentro me paro. Me siento lleno. Llena. No creo que pueda entrar más. Así que la saco un poco, para volver a meterla. Esta vez un poco más. Me gusta la sensación. Estoy encima de alguien, con una polla dentro. Tengo el poder, así que empiezo a moverme rítmicamente. Escucho sus jadeos. Salto sobre él mientras me coge el culo con fuerza, con las dos manos. Me lo estruja mientras yo sigo follándomelo, saltando sobre su polla. Ya está dentro casi entera, y a veces me viene una sensación de plenitud que no acaba de gustarme. Sin embargo la excitación es ingente, y tener una polla en mi culo también me da placer. Empiezo a follármelo más deprisa, y a jugar con el ángulo. Descubro que me gusta más tenerla dentro casi entera y move mi cadera hacia delante y hacia detrás. Además esto puedo hacerlo muy rápido, cada vez más rápido, delante y detrás. Me concentro en mis sensaciones, cierro los ojos y muevo mis caderas. Aparto la mano de Ana, que seguía masturbándome, porque estoy a punto de correrme. Parece que Ángel también está a punto de explotar.

De golpe se incorpora y me coge por la cintura. Me pone a cuatro patas y me la vuelve a meter muy fuerte, hasta el fondo. Me vuelve a doler, lo que hace que mi excitación baje un poco. Pero empieza a follarme cogiéndome fuerte de la cintura, y eso me pone. Siempre me ha gustado coger a una mujer de caderas generosas y embestirla fuerte desde atrás, notar ese placer de mi polla entrando hasta el fondo de su vagina mientras su culo choca contra mis piernas y sus labios mojados empapan mis huevos. Ahora me lo están haciendo a mí, y me encanta notar cómo las piernas de Ángel chocan contra mi culo. Sus gemidos cada vez son más intensos. Hace ocho meses que nos conocemos y hoy por fin ha conseguido follarme. Estoy a cuatro patas sobre la cama, y de repente veo cómo Ana se desliza debajo de mí adoptando la posición de un 69. Yo no estoy ahora para chupar, pero ella se mete mi polla en la boca. Al notar el calor y la humedad ya no puedo más y noto venir a mi orgasmo desde muy abajo, muy poco a poco. Con mi primer grito Ángel saca la polla de mi culo y se quita el condón. Siempre le gustó correrse sobre su mujer, y esta vez riega de leche mi espalda. Apenas empiezo a notar el líquido caliente sobre mí me corro automáticamente en la boca de su esposa. Una corrida tremenda, un orgasmo larguísimo. Me hubiera gustado correrme con la polla de Ángel dentro, pero la boca de Ana compensa. Le encanta el sabor de mi semen. La oigo tragar cuatro veces, y sigue un rato debajo de mí lamiendo mi capullo.


Ruedo sobre la cama para caer rendido boca arriba. Aún estoy vestido, y muy sudado por el suéter de lana. Cierro los ojos, y ella me desnuda suavemente. Ángel está duchándose en el baño, y ella me da las gracias mientras empieza a besarme en la boca. Sus besos son increíbles, siempre me encantó la forma de besar tan dulce y apasionada que tiene. Minutos después me susurra al oído: “aún no me has follado a mí”, mientras baja besándome todo el cuerpo hasta mi polla. Se la mete en la boca, y yo desconfío de que pueda follarla tan pronto. Succiona y succiona hasta hacerla ganar tamaño, y luego lame y mordisquea para hacerla ganar dureza. La coge firmemente con la mano y la masajea mientras vuelve a besarme con su arte habitual. En tres minutos se tumba sobre mí metiéndose mi polla de una vez. Está empapadísima, su coño parece un horno de tan caliente que está. Me folla muy despacio, con movimientos lentos y muy profundos, suspirando calmadamente. Yo mordisqueo sus pezones y su cuello, me encanta escuchar su excitación en mi pecho. No sé cuántos minutos estamos así, pero de repente me doy cuenta de que Ángel está de pie, a los pies de la cama. Con la polla dura otra vez en la mano, masturbándose muy despacio. Mirando el culo de su mujer. “Tú has tenido tu fantasía de la lencería y tú por fin has probado lo del arnés”, nos dice. “Ahora quiero probar una cosa que llevo años deseando”, no pide permiso ni nos explica nada. “Ángel, hazlo con cuidado”, le pide Ana: “dos pollas en mi coño”, me explica ella. En seguida noto la presión de la polla de Ángel, pero en lugar de sacar la mía la aprieto más adentro a la vez que beso en la boca a Ana. Poco a poco la otra polla va entrando, casi hasta el fondo. Ella pone los ojos en blanco, pero está disfrutando. “Folladme, folladme”. Nos intentamos mover, aunque tardamos un poco en sincronizarnos. Torpemente las sacamos un poco para después volver a meterlas, así hasta que nos podemos mover a la vez. Ella grita, muerta de morbo. Yo me lanzo a chupar su cuello mientras con mi mano derecha meto dos dedos en su culo. Ya la conozco bastante, sé que está a punto de correrse. Está fuera de sí, moviéndose entre los dos como una posesa presa de un ataque. Grita como nunca, se pega a mi cuerpo mientras tremendos espasmos cruzan su espina dorsal hasta que cae rendida sobre mí, casi inconsciente. Yo sigo follándola porque estoy a punto de correrme, mientras que Ángel prefiere terminar sobre su culo una vez más. Nuestros gritos ahogados van dejando lugar a un silencio que la verdad es que no duró demasiado a lo largo de esa noche…

viernes, 12 de julio de 2013

Ana y Ángel [1] [2004]

Yo apenas tenía 25 años cuando sucedió lo que relato a continuación. Había roto con mi primera novia poco tiempo antes, y estaba recuperando la confianza cuando conocí a una pareja que cambió mi vida. Ahí va la historia de cuando conocí a Ana y a Ángel, espero que la disfrutéis.

Poco a poco se suceden los meses y cada vez me siento mejor. Tengo más seguridad en mí mismo, y eso se nota. Aunque en mi vida personal las aventuras se suceden, un día un anuncio llama mi atención. En una web de parejas liberales encuentro a un matrimonio que busca un chico menor de treinta años para satisfacerles a los dos. Para ser su esclavo sexual. Quieren encontrar un chico joven y guapo, morboso e incansable en la cama, que obedezca y se amolde a sus necesidades. Al leerlo una bombilla se enciende en mi mente. Vuelven a aflorar esos instintos de sumisión y exhibición que llevaban varios años enterrados. No dejo pasar ni un minuto. Les escribo. Me ofrezco. Quiero ser su "putita". Y acompaño mi email de varias fotos sugerentes, de cuerpo entero, sobre todo de espaldas. No me lo pienso, no me fijo en que de su anuncio se deduce que buscan a alguien totalmente bisexual... lo envío con el corazón acelerado.

La respuesta no se hace esperar. Me habla Ángel, y está emocionado con mi propuesta y mis fotos. Me propone conocernos para ver si hay feeling, tomar algo. Acepto. Dos días después me encuentro con él. Prefieren que sea él el que conozca a los candidatos en persona, Ana tiene mucho menos tiempo libre. Me entra la desconfianza. Mi instinto me impulsa a irme. Pero me quedo a tomar algo. Por suerte. Será la pareja con la que más veces comparta cama. Pero como estoy un poco mosca decido poner más condiciones de las que realmente tengo. Buscan a un chico depilado que se folle a Ana y que se deje follar por Ángel. Yo me niego en redondo. Le explico que no estoy depilado. Que me rasuro la zona púbica, pero nada más. Y sobre todo le cuento que en principio me cuesta que aflore mi vena bisexual. Que cuando me caliento no sé hasta dónde puedo llegar, pero que de entrada no quiero estar obligado a nada. Lo entiende. Nos llevamos bien. Acepta que no esté depilado y probar lo demás. Pasamos un rato divertido, y entonces él saca en mitad del bar un álbum de fotos. Me pide discreción y me lo entrega. En las fotos se ve a su mujer desnuda, en la playa y en una casa... me gusta. Estoy rodeado de gente pero se me pone muy dura. Nadie lo sabe, pero estoy empalmadísimo viendo a una mujer desnuda. Es una situación muy nueva para mí y muy morbosa... quedamos para el fin de semana.

Nos encontramos en un apartamento por horas. Está limpio, pero no me gusta. Ni un ápice de elegancia, pero bueno, es lo que hay. Ellos son encantadores... nos sentamos y comenzamos a hablar de todo un poco, durante un buen rato. Ella es muy guapa de cara, algo llenita y con unas curvas imponentes. Él es muy delgado, fibroso. Moreno y no muy alto. No se parecen en nada al tipo de gente que he encontrado en el ambiente liberal, ni en cuanto a su nivel socioeconómico ni al cultural. Pero son majos y tremendísimamente respetuosos. Abren una botella de cava que han traído, porque dicen que Ana es muy tímida, que tiene que coger confianza... igual que yo. Risas y charla después, ella anuncia que se va a al baño a refrescarse y a ponerse algo sexy. Mirando al suelo y medio avergonzada nos dice que quiere encontrarnos desnudos cuando vuelva... mi corazón da un vuelco. Me apetece, pero se me había olvidado.

Lleno de excitación recojo un poco las cosas de la cama y del sofá, para tener sitio. Él mientras se va desnudando, hasta quedarse en ropa interior. Yo hago lo mismo, muerto de vergüenza, y me siento a su lado. "A ver, enséñame cómo ha quedado tu rasurado", me pregunta con una sonrisa de forma muy respetuosa. No sé por qué, pero se me pone durísima sólo de oírlo... no sé, Ángel no me atrae, pero estoy cómodo y me da morbo desnudarme delante de un desconocido. Me quito los calzoncillos y veo que le gusta lo que ve. Pasa la mano por mi pubis, acariciando el milímetro de pelo que ha quedado. También mira mi polla durísima que está mirando al cielo y la coge con la mano: "qué grande y qué dura, me gusta tu polla". Se pone de pie y se quita lo que le queda de ropa, mostrando su cuerpo entero desnudo. Pequeño, fibroso, y con una polla bastante grande, debe estar cerca de los 20 centímetros. "¿Te gusta la mía?", me pregunta mientras se la coge cerrando el puño muy fuerte, "también está durísima... ¿quieres chupármela?". La situación me guía, y es todo muy morboso... de repente estoy de rodillas en el suelo jugando con mi lengua en su capullo. Mis labios recorren su polla de arriba a abajo, me gusta el sabor. Nunca había disfrutado de algo así. Noto su mano en mi cabeza y me echo para atrás, separándome un poco. No me había dado cuenta, pero su mujer está semidesnuda de rodillas a mi lado, sonriéndome y mirándome. En cuanto me separo de la polla de su marido ella se abalanza sobre mis labios y literalmente me come con mucha pasión. Su marido nos mira desde arriba, una mano en cada cabeza. Pasados unos minutos mete su polla entre nuestras bocas, y jugamos con ella con los labios y las lenguas... nos la pasamos, a veces está en mi boca a veces en la suya... qué sorpresa, nunca me había imaginado esta situación. Pero la estoy disfrutando...

Sin avisar Ángel se aparta de nosotros y pone a su mujer a cuatro patas. Tranquilo y autoritario, sin agresividad. Se la mete por detrás a la vez que Ana me pide que me acerque. Estoy de rodillas, y ella me la chupa mientras su marido la folla salvajemente. Ella grita mientras me masturba, descansa con mi polla en la boca, la chupa muy bien. Me doy cuenta de que él la domina a ella, y que ella me domina a mí. De forma casi imperceptible, me pone en la posición que quiere, me hace acariciarla en el punto exacto que sabe que le gusta, controla mis ritmos y mis deseos. Es morbo puro, juega con la actitud y con una mirada increíble... de repente Ángel empieza a resoplar y ella se me queda mirando fíjamente mientras su marido saca la polla y se corre sobre su espalda... un orgasmo tremendo y su piel cubierta de semen. Ella me sonríe y se centra en chupármela mientras su marido limpia su espalda con toallitas húmedas. Acelera, mete mi polla entera en su boca, hasta la garganta. Empieza a salivar, noto que está muy perra...

En cuanto está limpia me tumba en la cama y se sube encima de mí. Me pone el condón y empieza a cabalgarme muy despacio y muy profundo, mientras me besa. Vaya besos, no sé si estoy más excitado por cómo me folla o por su forma de besarme, por su forma de sujetar mi labio inferior entre los suyos y tirar de él o el jugueteo de su lengua sobre la mía... se incorpora, pone sus enormes pechos en mi cara. Quiere que se los coma, así que empiezo a besar suavemente sus pezones... me aprieta la cabeza, creo que no quiere jugar... paso a mordisquear sus tetas, a veces más suave y a veces un poco más fuerte... es lo que quiere, empieza a jadear, arquea la espalda sin dejar de apretarme contra sus pechos, grita. Seguimos así un buen rato, ella cabalgando mi polla con unas caderas de ensueño. Mi espalda no puede más, me vuelvo a tumbar. Según me recuesto veo a Ángel venir hacia mí. Mientras su mujer sigue follándome él mete su polla en mi boca. Ufff, está durísima de nuevo, qué rápido. Tiene cuarenta y muchos, pero muchísima potencia sexual. Se la chupo, me gusta sentir su enorme polla en mi boca mientras ella disfruta de la mía... qué morbazo! A veces Ángel saca su polla de mi boca para que se la chupe ella mientras sigue incansable sobre mí. Debe echar de menos un polla en la boca, porque mientras su marido intenta metérmela entera ella se levanta y vuelve a chupármela, esta vez muy fuerte, muy profundo. Creo que intenta que me corra, pero no es el momento. Hay veces que por muy bien que te la chupen sabes que para correrte necesitarás tu propio ritmo. Así que se pone a cuatro patas mientras me dice: "fóllame fuerte, haz que me corra". Veo su culo redondo y su piernas bien abiertas y no me lo pienso. Ana quiere caña, y a mí me apetece. Me levanto y de una sola embestida se la meto hasta el final, arrancándole un grito de puro placer: ¡Así, dame fuerte!


Y pierdo en control. Empiezo a chocar mi abdomen contra su culo, para que mi polla penetre lo más al fondo posible. Estoy fuera de mí, la cara enrojecida y disfrutando al máximo. Sigo así durante un buen rato, veo que su marido se sienta en el sofá y se masturba viendo a su mujer gemir como una perra. "Pero qué puta eres", le dice una y otra vez mientras ve cómo sus tetas se mueven arriba y abajo... ella gime mientras mis huevos chocan contra su clítoris en cada embestida. Noto los músculos de su vagina contraerse para buscar el orgasmo, definitivamente esta mujer se conoce muy bien a sí misma y le gusta disfrutar. Yo acelero, no estoy ni cerca de correrme cuando ella estalla en un orgasmo a la vez que su marido va a por el segundo... "sigue, sigue así, no pares" grita mientras se corre. Yo no paro, al revés, me hago daño cada vez que hundo mi polla en su coño empapado... sin serenarse ni nada, al pasar un par de minutos ella me suplica "córrete en mis tetas". De un salto me quito el preservativo y me masturbo mientras su marido la annima: "ufff, qué puta eres, cómo me gusta cuando te pones así... córrete en sus tetas, dale tu leche". Ufff, llevaba mucho esperma acumulado después de dos horas en esa habitación. Con un gran suspiro me derramo por todo su cuerpo, desde su boca hasta su ombligo, mientras ella se relame de placer...

viernes, 14 de junio de 2013

Disciplina [2008]

Yo recogía el material mientras ella se cambiaba de ropa. Había sido una sesión de fotos fantástica. Catalina era guapísima, con un cuerpo perfecto y una conversación muy agradable. Y tremendamente elegante. Sensual, capaz de desarmarte con una mirada, un gesto. Lo mejor de ser fotógrafo es la facilidad para conocer gente muy diversa. Catalina era un ama profesional especializada en disciplina inglesa. Un término que yo no había oído nunca hasta dos semanas antes. Se trata de un campo del bdsm en el que se adoptan los roles de institutriz y alumno. Y se caracteriza por los castigos, unos castigos basados en los que se administraban en los internados británicos. Nada más. Nada de sexo. Ella me daba tanta confianza que le comenté de forma muy descortés (perdóname de nuevo, Catalina) que se trataba de una inclinación un poco extraña. Pagar a alguien sólo para representar un teatro y que te castigue. Se sonrió, como la madre que está harta de explicar una y otra vez lo mismo. Me explicó que no, que las sesiones a veces son mágicas, cargadas de morbo y de placer. Aunque esté presente el dolor y no haya nada de sexo. No hace falta. Añadió guiñándome un ojo que era algo que había que probar al menos una vez en la vida. Algo nuevo y diferente. Algo que nunca me había llamado la atención. Es fácil despertar mi curiosidad, y al fin y al cabo no tenía nada que perder. Acepté. Sólo me advirtió de dos cosas: debía ponerme totalmente en sus manos y además me avisó de que me iba a doler. A cambio me aseguró que me iba a encantar. "En mis sesiones nunca hay sexo", me advirtió de nuevo, "pero tú me gustas; así que eso ya lo decidiré después".

Se volvió a vestir como en las primeras fotos, y empezó el juego. Blusa blanca muy entallada, falda negra larga y ajustadísima. Medias negras y zapatos de tacón alto y hebilla en el tobillo. Gafas de pasta. Preciosa. Preciosa y poderosa.

-Ven, ponte de pie frente a mí- me ordenó.
-Voy-.
-Voy, SEÑORA-.
-Voy, SEÑORA- contesté. Dio varias vueltas a mi alrededor, mirándome de arriba a abajo.
-No vas vestido adecuadamente. Quítate la ropa y déjala en ese armario. Después vuelve a ponerte aquí delante-. Obedecí inmediatamente. Volví desnudo, desprotegido. Me excitaba la sensación. Estaba allí, de pie, absolutamente desnudo frente a una mujer totalmente vestida que me miraba intensamente. 
-Me encanta tu culo, blanco, fuerte y carnoso. Verás lo rápido que se pone rojo-. Era cierto. Ni me había tocado y hacía mucho tiempo que no me excitaba tanto.
-Apóyate en este taburete, abre las piernas y arquea la espalda-. Se colocó a mi lado, mirándome el culo. Se puso dos guantes largos de terciopelo negro y empezó a acariciármelo con las dos manos, casi a masajearme. Me hacía preguntas constantemente. Buscaba imprecisiones y me corregía siempre que podía. -¿Sabes contar en inglés?-. Asentí. -Sí, señora-, volvió a regañarme. -Cuenta cada palmada, en voz alta". Sin pausa golpeó mi culo con los dedos juntos y rígidos. Un golpe no demasiado fuerte, seco y firme, al que siguieron catorce más. Estaba pegándome, pero me gustaba. Eran golpes fuertes, me dolía el culo; sin embargo la situación era tan sensual que estaba atrapado dentro del juego. Ella tenía razón. Me había ganado.
Para siempre.

Me llevó al despacho, se sentó detrás de su mesa de directora y allí siguió haciéndome preguntas. En mis respuestas mezclaba realidad y juego, y estaba a mil por hora. Me gustaba el juego. Me enseñó varios instrumentos de cuero. Flexibles y sin costuras. Mientras me contaba el uso de cada uno me imaginaba si lo sentiría en mi culo. Me hizo apoyar los codos sobre la preciosa mesa de nogal, y empezó a azotarme con una especie de raqueta pequeña. Cada vez más fuerte. Siempre en el culo, pero cada golpe en una zona diferente. No entendía por qué, pero seguía totalmente empalmado, con mi polla chorreando. Cada golpe picaba más que el anterior, y como me preguntaba cosas entre tanda y tanda, a veces perdía la cuenta. A ella le encantaba que pasara eso. Volvía a golpear desde el principio, sin hacer caso de mi expresión de temor. Y así hasta completar dos tandas de quince. Dolorido y excitado. Dolorido y deseoso de más.

-Es lo que me esperaba. Tienes un culo precioso, y tremendamente sensible- me decía mientras me acariciaba suavemente, chorreando sensualidad contenida. -Está ya bastante rojo-. Notaba un temblor en su voz, estaba pasándolo realmente bien; eso me ponía aún más. -No te preocupes. En dos días se te quitan todas las marcas-, dijo mientras descargaba un golpe más fuerte. Un golpe que me hizo estremecer, que me hizo dar un respingo. Un golpe que me dolió mucho más que los anteriores. Pero ya estaba esperando recibir el siguiente. Ansioso. Anticipándolo. En su despacho me hizo probar otros dos intrumentos. Una especie de cinturón, ancho y muy flexible. Y una vara: su instrumento preferido. -Está siendo una iniciación intensa, así que la vara sólo te la voy a presentar-. Le dije que era suficiente, que entendía muy bien esta inclinación. Me dolía el culo. Me ardía. Pero llevaba casi una hora con un nivel de excitación increíble. -¡Qué descarado! ¡Al rincón!-. Me puso cara a la pared, y me mantuvo inmóvil y en silencio varios minutos. Se acercó por detrás y volvió a acariciarme dulcemente el culo. A masajearme con las dos manos. Lo sentía caliente y sus manos templadas eran como bálsamo para mí. -A cuatro patas en el suelo. Ahora-. Su voz siempre era tranquila, pero autoritaria. No había otra opción que obedecerla. Sentada sobre mi espalda siguió con las caricias. -Lo siento, pero sabes que debo castigar tu insubordinación-. Escuché la vara silbar en el aire antes de estrellarse sonoramente contra mi culo, haciéndome lanzar un gemido ahogado. Mitad dolor mitad excitación. Hasta seis varazos conté. Cada uno más doloroso que el anterior. Me arañaba la piel, notaba el escozor, sentía el latigazo. El dolor se volvió casi insoportable. No estaba seguro de si el juego estaba llegando demasiado lejos. Pero ella parecía que adivinaba mis pensamientos un segundo antes de que fueran míos: -no te preocupes, confía en mí- me susurró calladamente al oido. Tras el sexto golpe de vara puso sus dos manos contra mi carne enrojecida, haciendo presión. En cuanto volví a respirar me invadió una sensación fortísima de bienestar. Mi excitación casi incontenible se multiplicó mientras me acariciaba. -Es por la descarga de endorfinas- me informó, -increíble, ¿verdad?-. Pues sí. Increíble.

Me condujo al cuarto de baño para enseñarme su obra. -No te asustes, eh-, me advirtió antes de verme en el espejo. Tenía todo el culo rojo, un rojo intenso y homogéneo. Con varias marcas producidas por alguno de sus instrumentos, creo que la vara. No me asusté. Me gustó. -Ahora ven a la habitación-. Se sentó al borde de la cama y me hizo tumbarme sobre sus rodillas. Como un niño pequeño, pero desnudo. Mi trasero quedaba justo delante de su cara, en su regazo. -Así suelen empezar mis sesiones, aunque contigo todo ha sido distinto-. Y volvió a azotarme con la mano desnuda. Combinaba azotes fuertes con azotes de menor intensidad, más espaciados o tandas más rápidas. La notaba jadear. Por el esfuerzo. Por el esfuerzo y por la excitación. La notaba a mil, la veía una expresión de placer anticipado, de fantasía contenida. -Era sólo para que lo vieras. Con esto ya conoces lo que suelen ser mis sesiones. Y cuando el alumno es habitual, las historias se multiplican; las posibilidades son ilimitadas-. Ahora ponte de pie de espaldas a mí. Quería ver de cerca cómo me había dejado el culo. Me lo volvió a acariciar, esta vez extendiendo una crema hidratante sobre él. Mi culo estaba ardiendo, y la crema fría, me encantaba la sensación. Ella me lo repartía por toda la piel, con sus manos firmes y fuertes, casi amasando mi carne.

-Abre los brazos- ordenó. Aún no había acabado el juego. Conmigo iba a ir un poco más allá. De mi polla caía un hilillo que llegaba hasta la alfombra. Estaba muy mojado, incluso había dejado un poco manchada su falda. Y excitadísimo. Me puso un libro en cada palma hacia arriba. A los treinta segundos me ordenó darme la vuelta hacia ella. Seguía sentada en la cama, y de improviso se metió mi polla en la boca. Me sujetaba el cuerpo con las manos y me la chupaba, muy poquito a poco. Llevaba más de una hora presa de una calentura inmensa, así que "muy poquito a poco" era demasiado para mí. Se me cayeron los libros, y ella se sacó mi polla de su boca instantáneamente. -Otra vez sobre mis rodillas-, y volvió a azotarme. Dos veces conté quince en voz alta. En inglés. –Coge los libros de nuevo-. De pie, con los brazos abiertos volvió a chupármela. Quería acariciarla, quería coger su cabeza. Quería besarla, quería lamerla... quería follarla más que cualquier otra cosa. Me costó horrores aguantar los libros dos minutos, pero eso hizo que no me corriera demasiado pronto. -De rodillas cara a la pared- me ordenó mientras salía del dormitorio.

-¡Ven a mi despacho!- me gritó un minuto después. Entré, y la vi con la blusa entreabierta y el pelo suelto. Unas bragas negras sobre su escritorio. Preciosa, dejando ver por fin un poco de su generoso pecho. -A cuatro patas. Acércate a este lado de la mesa, al lado de la directora-. Poco a poco fui hacia allí. Excitado, desoso de poder tocarla al fin. Se había quitado la falda, y mientras me acercaba hacía lo mismo con su camisa blanca. Puso una pierna encima de la mesa. -Ahora ya sabes lo que tienes qué hacer-. Claro que lo sabía. Llevaba horas queriendo comerla entera, anhelando saborearla, ilusionado por hacerla gritar de placer. Y vaya si lo hice... Mi lengua no se andó con rodeos. Tres amplios lametones recorriendo su vagina para comprobar lo mojada que estaba. Pero no estaba mojada. Más bien empapada. Chorreando. Incluso había manchado el cuero negro del sillón. Empecé a jugar con su clítoris, empleando mis mejores trucos. Fuertes lametones laterales, rapidísimos contactos de arriba a abajo... cambios de ritmo... sujetando sus labios con los míos para poder golpear más directamente su clítoris con la punta de mi lengua.

En menos de dos minutos gritaba, gemía, jadeaba... no dejaba de mover la pelvis. Me follaba la boca. Literalmente. Pero no paré. No paré hasta sentir en mi boca su segundo orgasmo. Me apartó la cabeza y me susurró: -dame un minuto y ven al dormitorio-. Cuando llegué estaba totalmente desnuda sobre las sábanas, a excepción de las medias y los zapatos negros. De tacón altísimo y hebilla sobre el empeine. Preciosos. Tumbada boca abajo. Preciosa. Los tobillos atados a los pies de la cama. Las piernas abiertas mostrando un culo hambriento. Una mano esposada al cabecero, y la otra con las esposas puestas, esperando ser enganchada al otro extremo del cabecero. -Espósame. Ahora estoy a tu merced. Puedes hacer lo que quieras conmigo. Cualquier cosa. Te lo has ganado. Fóllame. Fóllame cuanto quieras, como quieras. Fóllame bien fuerte. Fóllame toda la noche. Fóllame ahora-.


Sonreí. Tenía el culo rojo por sus severos azotes. Mi polla a punto de explotar por llevar hora y media empalmada. Hinchada y palpitante. Y mi cabeza sobreestimulada por casi dos horas de morbo, de sumisión, de temor y dolor, de placer contenido, de excitación por descubrir algo nuevo y bueno. Así que la esposé a la cama. Y sonreí.

viernes, 10 de mayo de 2013

Nadia boca abajo [2013]

Hans espera que abran la puerta. Está nervioso, como casi siempre que comienza un juego de este tipo. No sabe bien qué se va a encontrar al otro lado. Ha chateado con ella varias veces, se han enviado mails y han hablado por el móvil en un par de ocasiones. Pero a la hora de la verdad siempre le tiembla la voz y le da la sensación que las piernas no van a obedecerle.

Por fin ella abre la puerta y le sonríe. Le da dos besos, uno en cada mejilla, y le invita a pasar. Él, caballeroso, le cede el paso. Mientras caminan por el pasillo Hans intenta fijarse en sus caderas, tan estrechas en esos vaqueros superajustados. Tiene buen culo, muy redondito y carnoso. Cuando se sientan y se ponen a charlar Hans apenas puede concentrarse. Ella tiene unos ojos muy bonitos maquillados muy intensamente. La mandíbula es fuerte, un poco cuadrada y acaba en una barbilla afilada. Los labios son finos, y su sonrisa es muy agradable. Se llama Nadia, y tiene el pelo muy largo y muy oscuro. Ondulado, recién arreglado hábilmente con el secador. Han quedado para que Hans le haga fotos sexys. Y a ver qué pasa después, claro. Hans nunca se hace ilusiones en esas situaciones. Siempre que ese era el “plan” ha acabado  sucediendo “algo”. Al menos siempre que él ha tenido ganas. Pero el chico es inseguro, y siempre piensa que será ella la que no querrá que suceda nada más.
Un rato de charla y dos vinos después, Nadia le lleva al dormitorio. Ella quiere fotos en la cama, con lencería sexy. Sobre todo quiere lucir culo, que es lo que siempre le han dicho que destaca en su figura. Hans arregla un poco la cama para mejorar el resultado. Arruga un poco las sábanas blancas y quita cualquier objeto de las mesillas de noche. Nadia le mira fijamente sin hacer nada, con las manos en los bolsillos. También es tímida, y está nerviosa. En cuanto acaba le pide que salga mientras ella se prepara. Hans vuelve al salón a preparar la cámara. Se sienta en el sofá mientras formatea la tarjeta y ajusta los parámetros. Quiere empezar por unas fotos con una atmósfera mágica, con mucha luz. La piel morena de la joven destacará entre las sábanas blancas, con un leve contraluz. Un grito le sobresalta. Nadia le llama. Está lista para las fotos. 

Hans se levanta nervioso de nuevo. Nota la tensión en las piernas, y en cuanto entra al dormitorio siente la excitación dentro de sus vaqueros. La joven está boca abajo sobre la cama. Con la cabeza apoyada en una mano y los codos encima de las sábanas, ella le mira a los ojos con complicidad, con la frente ladeada. A Hans se le van los ojos. Y es que ella lleva un conjunto precioso de ropa interior negra, llena de encaje. Las medias de rejilla realzan sus delgadas piernas, y un tanga negro tremendamente fino eleva su culo a la enésima potencia. El sujetador va a juego, y con las rodillas dobladas por detrás asoman unos zapatos de tacón muy brillantes. El conjunto es perfecto. Tiene el aspecto ideal de chica joven e ingenua, cargada de picardía. Diseminados por la cama reposan varios objetos de atrezzo: un cuaderno a medio escribir, unas piruletas, un teléfono antiguo…

Aún con un gran bulto sobresaliendo del pantalón, Hans comienza a dirigir la sesión. Comienzan las fotos, primero con ella mirando a cámara. Está nerviosa e insegura, así que el fotógrafo trata de relajarla verbalizando lo atractiva que resulta con ese look. Ella aprovecha para observarle. Es un chico normal, bastante masculino. Alto y de hombros anchos, tiene los brazos fuertes aunque luce algo de barriguita bajo la camiseta negra. Las piernas largas dentro de los vaqueros negros, con la polla dura marcada a un lado. Cuando ella observa ese detalle no puede evitar sonreír con intención a la cámara. Sabe que resulta muy atractiva y apetecible, y eso le da un poder que no sabía que tenía. Hans también se da cuenta y avergonzado le pide que pase a una actitud más recatada, ahora sin mirar a cámara. Ella muerde un lápiz mirando hacia arriba, como si fuera una chica que nunca ha roto un plato. Pero ella se sonríe imaginando cómo será la polla del apuesto fotógrafo. Se muerde el labio. Humedece con la lengua su labio inferior, y Hans apenas puede refrenar su deseo de dejar la cámara a un lado y besarla.
Es hora de pasar al siguiente elemento de atrezzo. El teléfono antiguo. Ella juega con el cable sabiendo que él se derrite por dentro, y por fin le vuelve a mirar. Ya no le mira a los pantalones, sino directamente a los ojos a través del objetivo de la cámara. Ella es consciente de su atractivo animal, y él no puede dejar de mirar esos ojos y ese culo que ella levanta de vez en cuando. Nadia comienza a estar muy excitada, aunque le duelen un poco las caderas. Es el precio por estar preciosa en todas las fotos. “Hans, ayúdame un segundo”, le pide con vocecilla tímida, “quítame el sujetador y el tanga, quiero unas fotos sólo con las medias”. Hans obedece. Deja la cámara a un lado y se sube encima de la cama para desabrochar el sujetador. Ella levanta las caderas para ayudarle a deslizar el tanga, y antes de quitárselo tiene otra petición: “por favor, ¿te importa ponerme un poco de aceite? Es que quiero que la piel esté muy brillante”.

Hans traga saliva antes de coger la botella de aceite perfumado del cajón. Le molesta la polla tan dura todo el rato en esos gruesos pantalones, pero empieza a masajear firmemente la suave piel de la joven. Acerca su nariz a su nuca para comprobar lo bien que huele. Frota sus manos por la espalda y las piernas de Nadia, despacio pero con el pulso firme. Las piernas son delgadas y el culo redondo, y ella acompaña su masaje levantando y oscilando sus caderas. Por fin consigue recomponerse y levantarse para culminar la sesión de fotos. Ella adopta posturas imposibles con un gran protagonista: su redondo y brillante culo.

Veinte fotos después ella da por finalizadas las fotos. “A ver, déjame ver las fotos que me has hecho”, dice ella. Hans responde: “mira, has quedado guapísima”. Ella se levanta muy despacio y camina hacia donde está el fotógrafo. No tiene tetas, y al incorporarse deja visible una polla grande y bastante dura. Hans observa el vaivén de esa polla mientras los tacones resuenan en la habitación. Nadia le pasa un brazo por los hombros mientras el joven le muestra las mejores fotos en la pantalla de la cámara. De repente, ella empieza a besarle el cuello, haciéndole suspirar. Él cierra los ojos y se deja llevar por un mar de deliciosas sensaciones contradictorias. Cuando ella coge su cabeza con sus manos para atraer sus labios se siente abrumado. La besa, no piensa, sólo besa esos delicados labios intentando no pensar en nada más. Es la primera vez que besa a un hombre. Ha besado a varios transexuales que nacieron hombres y se convirtieron en mujeres, prescindiendo o no de sus pollas. Y ha tenido sexo con hombres, pero siempre sin besar sus labios. Pero  en ese momento disfruta del beso de Nadia, cada vez más firme y profundo. Cuando sus manos torpes e inseguras buscan el fantástico culo de la joven ella se separa unos centímetros para susurrarle al oído: “yo ya estoy desnuda y tú aún no”.

La joven se separa y se pone de rodillas para desabrocharle el pantalón, mientras él se arranca la camiseta. Efectivamente, no está delgado, pero también está bastante fuerte. Tiene un pecho ancho y robusto, y ella se mete su polla en la boca sin pensárselo. La polla de Shan es más corta que la de Nadia, aunque un poco más ancha. No está mal, aunque no llega a los 20 centímetros de la delgada joven. Ella está depiladísima, mientras que él sólo se ha rasurado. Nadia sigue chupando la polla de Hans con violencia, casi con prisa. Le ha desnudado por completo, y por fin el joven coge su cabeza para ponerla en pie. La abraza y la besa apasionadamente. Sus pollas se aprietan una contra la otra, aprisionadas por los cuerpos tan distintos. Son de una altura similar, ella con tacones y él descalzo. Pero él es mucho más ancho y de piel blanca, mientras que el cuerpo de ella es estilizado y moreno. Él es peludo, aunque tiene el torso rasurado, mientras que ella tiene la piel suave y brillante por el aceite.
Por fin ella coge las manos del joven y le arrastra hacia la cama. Se sienta al borde y le ofrece la polla. Él no la rechaza, no es la primera vez que excita a un hombre. Le gusta sentir una polla dentro de la boca, casi tanto como jugar con su lengua en un coño depilado. Le gusta llenarla de saliva y metérsela en la boca muy adentro, para luego sacarla despacio, dejando hilillos entre sus labios y el capullo. Le gusta comérsela de nuevo y acelerar, chuparla muy rápido hasta quedarse sin aliento y dejar a la otra persona al borde del abismo.

Ella se nota excitada y vuelve a tomar las riendas. Levanta al fotógrafo del suelo y le sienta en un sillón, un poco al borde. Después se lubrica bien el culo y le da la espalda, arqueando los riñones para intentar follarse esa polla que espera tan dura dentro del preservativo. Está muy caliente y va un poco rápido, haciéndose un poco de daño. Pero le da igual. Nadia quiere sentir esa polla dentro, quiere sentirse llena y excitarse aún más al notar cómo palpita en su culo. Hans la coge de las caderas para ayudarla. Tiene el culito estrecho y redondo, y se muere por follárselo. Ella apoya sus manos en los brazos del sillón, y con un grito consigue meterse más de la mitad en el culo. Se queda quieta respirando con dificultad, con los ojos cerrados, y despacio comienza a moverse muy suavemente. Poquito a poquito. En cada movimiento se mete la polla medio centímetro hacia fuera, y luego un centímetro haca dentro. Arriba y abajo. Despacio. Hans gime de placer, y aunque está deseando metérsela hasta el fondo se contiene para que sea ella la que maneje la situación. Despacio, muy despacio. Ella se siente llena. No parecía que él tuviera la polla tan grande, pero le gusta. Le gusta cómo Hans aprieta sus caderas con sus manos, y cómo le besa el cuello en cuanto ella consigue meterse la polla entera. Sus fuertes brazos la rodean, acariciando su pecho y su cuello, y busca sus labios para compartir su excitación. Entonces ella empieza a moverse. Le folla poco a poco, desde movimientos de cadera casi imperceptibles hasta casi sacarse la polla entera en cada embestida. 

Sus muslos se tensan con cada movimiento, y la mano derecha del joven coge su polla para masturbarle al compás de sus caderas. Hans se sorprende. Ella tiene la polla durísima, y parece que está a punto de correrse. Así que apenas la acaricia, se limita a sujetarla firmemente mientras ella sube y baja, arqueando la espalda. Él observa el cuerpo de Nadia. Le encanta ese culito respingón que tan buen trabajo está haciendo, y de repente lo siente desde abajo. Desde debajo de su polla comienza a subir una excitación incontrolable, y sus gemidos se convierten en gritos. Ella lo nota, y exagera cada movimiento. Cuando se mete la polla llega hasta el fondo, y cuando se levanta casi la saca por completo. Coge la mano del joven que estaba en su polla y la pone en su otra cadera, para que él domine los movimientos y el ritmo. Hans hunde sus uñas en la carne de la joven mientras la obliga a follarle más fuerte, más rápido. Más profundo. Nadia bombea arriba y abajo hasta que por fin consigue que el joven se abandone al placer y se deje ir en un orgasmo tremendo que dura más de un minuto. Ella conoce los ritmos de un hombre, así que progresivamente va dejando de moverse hasta descansar en los brazos del joven, con su polla aún dentro.


Un momento después, cuando el joven ha conseguido coger aire y recomponerse, ella gira el cuello para besarle con mucha delicadeza. Le sonríe con la picardía que tenía antes durante la sesión de fotos. Y acerca sus labios a la oreja del fotógrafo. Después de mordisquear el lóbulo derecho, le susurra una palabras que hacen que al hombre se le vuelva a poner dura: “Descansa, mi querido Hans. Porque ahora voy a follarte yo a ti”.

jueves, 11 de abril de 2013

Tacones en el hotel [2012]

Hans se mira al espejo preguntándose aún cómo ha llegado tan lejos. La imagen que le devuelve el cristal le hace sonreír. Un cuerpo recién depilado, absolutamente desnudo. Fuerte y ancho, aunque no excesivamente pasado de peso, apenas un poco. Una mujer está acabando de extenderle una crema hidratante por todo el cuerpo, prolongando la excitación que le invade desde hace unas horas. Ella le acaricia la polla, que pese a todo sigue durísima. La mujer le sonríe mientras le acaba de untar crema con un vigoroso masaje en el culo. Después empieza a maquillarle como si fuera una mujer. Sobre todo los ojos y los labios, muy intenso aunque sin llegar a ser exagerado. Brillo y volumen. Labios rojos. Después pasan al dormitorio, donde la mujer le ayuda a vestirse. Primero una minifalda estilo ejecutiva, negra y muy brillante. Un tanga negro a juego con un liguero y unas preciosas medias de gasa. Muy elegante, una tira ancha de encaje con tres enganches por cada pierna. Sujetador con buen relleno y un suéter ajustadísimo de algodón muy fino, manga larga y cuello alto. Hans vuelve al baño para mirarse al espejo, pero ya no se reconoce. Ya no es él. Se ha convertido en Shana, y está a punto de hacer realidad su gran fantasía. Sonríe. Se ve guapa y sexy, provocativa. Y muy elegante. Camina hasta la cama para ponerse los zapatos. La mujer le ayuda. Son unos preciosos zapatos de cuero negro, con un tacón fino y altísimo. Una tira de cuero le cierra el tobillo con una hebilla metálica. El joven convertido en chica camina por la moqueta de la habitación, ayudada por la mujer. Poco a poco va cogiendo soltura con los tacones, acentuando su femineidad. La falda le roza al caminar, y eso le excita. Afortunadamente ella ha escondido hábilmente su polla, pegándola a la pierna.

Juntas recorren la Gran Vía, casi vacía a esas horas de la noche. Apenas una decenas de metros. Son dos figuras que llaman la atención. La mujer es guapa y está llena de curvas, también subida a unos zapatos de tacón altísimo. Lleva un corto vestido de color blanco, con un escote muy generoso. Aparenta unos cuarenta años, o tal vez algo más. A su lado camina con dificultad Shana. Un poco más rellena y mucho más alta, como diez años menor. De cerca se nota que no es una mujer, pero por la calle algunos hombres se giran para disfrutar cómo su culo redondito se ajusta a la falda al son de sus caderas bamboleantes. Se siente deseada, así que se olvida del dolor de sus tobillos. Los cuatro tacones resuenan en los adoquines mientras apenas dan la vuelta a la manzana. 

Poco después vuelven al hotel. Se trataba sólo de sentir el morbo de exhibirse en público, de disfrutar de las miradas lascivas de la fauna nocturna madrileña. Se dirigen hacia uno de los salones del hotel con paso firme. En la mesa del fondo hay un hombre de espaldas que se levanta en cuanto se acercan. Viste elegante, con un traje de chaqueta color gris claro y una camisa blanca sin corbata. Sonríe a Shana, que le devuelve los besos con torpeza. Es muy alto y guapo, con el pelo muy corto y hombros exageradamente anchos. 

“Estoy emocionado. Tenía esta fantasía desde hacía mucho tiempo, y estás guapísima”, le dice con galantería. Ella se sonroja: “Gracias. Tú también. ¿Subimos ya?”. Está nerviosa y un poco avergonzada, pero absolutamente decidida. Sin mediar palabra él se levanta y le ofrece el brazo gentilmente. Sshana se coge de un lado mientras que la otra mujer coge el otro brazo, y los tres juntos caminan pausada y silenciosamente hacia el ascensor. Vuelven a la habitación.

La mujer madura abre la puerta y se adelanta. Pone música y ajusta las luces para crear un ambiente íntimo y agradable. Prepara unos gintónics mientras Shana y el atractivo cincuentón se sientan en el sofá. La joven travestida está visiblemente nerviosa. Cruza las piernas mostrando más de lo que le gustaría. “¿Por qué no empezáis vosotras? Me gustaría ver cómo os besáis, ahí en la cama”. Su sonrisa inspira seguridad, aunque a Shana le cuesta decidirse. La señora da un largo trago a su gintónic y le tiende la mano a la joven, que antes de cogerla le imita con su copa. Juntas se arrodillan en la cama, y ella comienza a besarla muy despacio. Sus labios comienzan a jugar con los de Shana muy suavemente, mientras acerca su cuerpo para pegarse a ella. Se la ve hambrienta, con muchas ganas. Durante unos minutos explora la boca y el cuello de la joven, que pierde la voluntad por la excitación. Shana se deja llevar por esa preciosa mujer morena. 

Él se desnuda lentamente, observándolas. Se queda sólo vestido con unos boxer blancos, bajo los cuales se puede adivinar un bulto de gran tamaño. Está muy musculado, es casi una montaña sin apenas grasa. Se deleita con el espectáculo, y justo cuando su mujer comienza a levantar la falda a Shana se levanta del sofá. “Os voy a hacer algunas fotos. Primero vestidas las dos”. Shana posa para la cámara abrazada a la excitada mujer madura. Por primera vez adopta posturas frente a un objetivo después de haber estado cientos de veces del otro lado de la cámara. Y se siente cómoda. Sexy. ”Cariño, enséñame el culo de SHANA, quiero ver su tanga”, él juega a provocar. Las dos mujeres obedecen mientras el obturador no deja de sonar. Shana arquea la espalda para mostrar a la cámara su culo redondo ceñido por el precioso tanga negro. Ella juega con la falda y la sitúa en distintos ángulos.

El atractivo madurito vuelve a tomar la iniciativa: ”Shana, quiero que desnudes a mi mujer. Quítale toda la ropa”. La joven obedece de inmediato. Primero desabrocha muy despacio la blusa ajustada. Es una blusa blanca, muy escotada. Ella mira fijamente a su marido mientras Shana le acaricia los pechos a la vez que hunde su boca en su perfumado cuello. Suspiran y poco después el sujetador cae dejando visibles dos grandes y redondas tetas, de pezones medianos muy duros. La joven atrapa uno de esos pezones con la boca arrancándole un gemido, y la mujer echa la cabeza hacia atrás mientras su marido no deja de hacer fotos. Se coloca a cuatro patas sobre la cama para que Shana la desnude del todo, y en cuanto lo hace la joven comienza a juguetear con su lengua en el culo de la señora. Ella levanta las caderas mientras Shana introduce su lengua en su coño, muy adentro. Está muy mojada, y gime de placer. Los clicks de la cámara dejan de sonar, y la mujer madura se da la vuelta para que Shana siga comiéndole el coño, ahora por delante. La joven disfruta viendo cómo se contrae la vagina por el placer, y unos minutos después levanta la cabeza. La atractiva señora ya estaba muy excitada, y la ha cogido por el cuello para besarla apasionadamente: “Ahora quiero que se la comas a mi marido”.

Él está sentado en la mitad del sofá, ya completamente desnudo. Tiene una enorme polla en la mano, y sonríe a su mujer. Shana obedece y se arrodilla en la alfombra para comenzar a lamer la polla de abajo a arriba. Ahora es la esposa la que ha cogido la cámara y fotografía cada detalle con mimo. Shana saliva con cada largo lametón, hasta que al final se mete la polla en la boca, muy despacio. Coge con la mano derecha la base del enorme miembro mientras acaricia con la izquierda los abdominales, y sube y baja, con la boca llena de saliva. Él respira cada vez más fuerte, y de vez en cuando la anima a seguir. Poco después se incorpora un poco y alarga sus fuertes brazos para subirle la falda a Shana, dejando visible casi entero el culo. Lo acaricia mientras ella sigue chupando, ahora un poco más fuerte. Un poco más profundo.

La mujer no aguanta más y deja la cámara, sacando del bolso un pequeño consolador, muy delgado. Se arrodilla detrás de Shana y empieza a acariciarla todo el culo, besándole el agujero. La joven da un respingo para luego empezar a mecer las caderas. Ella juguetea con su lengua, penetrándola levemente. Shana sigue chupando rítmicamente la polla de él cuando su mujer introduce el consolador muy despacito. Tiene forma de bala lisa y brillante, y está lubricadísimo. Shana gime, sorprendida, pero se deja hacer. Se queda quieta con la mitad de la polla en la boca unos instantes, hasta que ella se acostumbra y acelera el proceso de meter y sacar. No hay duda de que los tres disfrutan. Shana sigue con una bonita y deliciosa polla en la boca, dando placer a un hombre morboso y atractivo. Y ella tiembla visiblemente de excitación, posiblemente adelantando lo que está a punto de pasar. 

Por fin se aparta para ponerse un arnés con un consolador un poco más grande. Lo lubrica a conciencia, y se acerca al culo de Shana. Hábilmente acerca la punta, y con un suave movimiento lo mete hasta la mitad haciendo  que la joven grite de placer. Muy despacio lo saca casi del todo y lo vuelve a meter, con una cadencia deliciosamente lenta. Él se levanta del sofá y vuelve a hacer fotos. Shana se concentra en la cámara, para poder soportar la brutal excitación. Ella cada vez la penetra más adentro, hasta que por fin su cadera choca contra el culo de ella en una sonora embestida. Shana se siente llena por dentro, pero le gusta. Piensa en la polla de él, y la desea dentro. Caliente y palpitante. Pero no sabe cómo hacerlo, es el doble de grande que el consolador que la desborda. Las embestidas de ella son cada vez más fuerte, y las dos mujeres gritan a la vez.

De repente, la esposa se separa, visiblemente cansada. Pero él coge a Shana del brazo y la tumba en la cama, al borde. Boca arriba y con dos cojines bajo la espalda. Sujetándole las piernas en alto, su mujer le pone un condón y lo lubrica adecuadamente. El hercúleo señor grita cuando de golpe le mete a Shana su polla hasta la mitad. A ella le gusta. Ya le gustaba el consolador, pero esto es mucho mejor. Es más ancho, poro también es más blando. Y caliente. Muy caliente. Él comienza a follársela así, cada vez más fuerte, cada vez más adentro. La joven jadea y cierra los ojos, pero en seguida la atractiva madurita se pone encima, con el coño directamente sobre su boca. Shana comienza a lamer el clítoris deprisa, demasiado deprisa, y ella no tarda más de dos minutos en estallar en un tremendo orgasmo que casi las deja a las dos sin respiración.

Cuando se recupera se levanta y se acerca a su marido para besarle. Él sigue follando a Shana, y sonríe a su mujer: “Cariño, tiene un culito superestrecho”. Tras decir esto saca su polla y le quita el tanga, dejando al aire la polla de Shana. También está durísima y llena de venas, chorreando. La mujer no duda en metérsela en la boca hasta el fondo, mientras él sigue follándola. Shana se marea por un segundo, son demasiadas emociones, demasiados estímulos a la vez. Dos minutos después siente que no va a poder aguantar más, pero aún le queda algo pendiente.

Por primera vez toma la palabra: “Aaaahh… por favor, un momento, aún me queda por hace realidad una parte de la fantasía”; a la joven le cuesta hablar, presa de una enorme excitación. “Por favor, túmbate en la cama, boca arriba”. El hombre obedece, súbitamente interesado. Shana se sube encima de él, a horcajadas. Dándole la espalda. Se prepara bien y baja las caderas con la polla ya dentro. Él gime, encantado. La muchacha comienza a follárselo, arriba y abajo. La enorme polla cada vez entra más adentro, y Shana acelera el ritmo. Siente que tiene el poder, que controla el ángulo y la profundidad de la penetración. Él coge su culo carnoso por debajo de la falda y lo pellizca, lo palmea fuertemente. Su mujer ha cogido la cámara para inmortalizar el momento. Shana cierra los ojos y sigue levantando las caderas y dejándolas caer, cada vez más adentro. Ahora sí que se siente llena por dentro, con esa polla de más de veinte centímetros en su culo. 

Él comienza a gritar nervioso: “Nena, sigue así… voy a correrme ya…”. La coge de las caderas para acompañar sus movimientos, obligándola a acelerar aún más. Cuando el adonis cincuentón comienza a correrse SHANA saca su polla por debajo de la falda y se masturba. Casi instantáneamente eyacula por toda la sábana, mientras aún siente las sacudidas del hombre dentro de ella. 


Gritan los dos a la vez que la mujer madura hace las fotos más especiales de su vida.

lunes, 18 de febrero de 2013

Habitación 1512 [2005]

Ella esperaba en el banco frente al kiosko. Justo en el sitio acordado. Sola. Nerviosa. Estaba esperándole. Apenas se conocían, pero habían decidido jugar juntos. Tal vez no se gustaran. O tal vez les entrara una vergüenza inmensa. Era una locura. Debía irse. Pero a la vez estaba excitada. En seguida llegó él y se sentó a su lado. "Soy Hans”. Se dieron dos besos. "¿Quieres seguir adelante, o mejor simplemente charlamos y tomamos un café?”, preguntó él. "No. Estoy segura. No sé qué estoy haciendo. Pero sigamos adelante", respondió ella. Intercambiaron dos papeles doblados, y ella se fue. “No me hagas esperar, sube en cuanto recibas mi SMS”, dijo al darse la vuelta.

Él se quedó en el banco. La miró alejarse. No muy alta, su figura lucía bastantes curvas. Le gustaba cómo los vaqueros le marcaban el culo.Sonriendo abrió el papel, lo leyó y cerró los ojos. Habían quedado en escribir tres cosas que les gustan especialmente y tres cosas que no les gustan nada. Nada más. Se le hicieron quince minutos eternos. Ella subió a la recepción, cogió la llave y entró. Vestía ropa cómoda, de calle. Se desnudó completamente y se puso el tanga nuevo. Negro de encaje. Precioso. Nerviosísima apenas acertó a escribir en el móvil: "Habitación 1512”. Enviar. Se levantó, abrió la puerta que daba al pasillo y se volvió a la cama. Colocó una venda sobre sus ojos, suavemente. La ató bien firme y se tendió sobre el colchón temblando de excitación. No pudo evitar juguetear con dos dedos en su clítoris, por encima de la fina tela del tanga. Estaba mojada. Ya había merecido la pena la experiencia. Hacía meses que no se notaba tan excitada. Parecía que su corazón latía desbocado, queriendo salirse por la boca. Dos minutos después se puso boca abajo, justo como habían quedado. Escuchó cómo se cerraba la puerta y los pasos de alguien acercándose.

Sin una palabra unos dedos empezaron a acariciar suavemente sus piernas. A subir y a bajar. Despacio, muy despacio. Pero ella no podía moverse. Era lo pactado. Las manos la tenían muy excitada. Su respiración era muy profunda, y jadeaba cuando el chico acariciaba levemente la cara interna de sus muslos. De repente, unos labios recorrieron su nuca y su cuello, haciéndola estremecer. Sonrió al acordarse de que eso estaba en su lista. Besos profundos en el cuello. Mmmmm, qué ricos. Durante unos segundos no sintió nada, no oyó nada, y justo después volvieron los besos en el cuello, la nuca... bajando por los hombros... Pero esta vez él estaba encima, y podía sentir su calor. Se había desnudado, al menos casi del todo. Escuchaba su respiración, gozaba con sus besos y disfrutaba con su excitación. Le quitó el tanga muy despacio, besándola suavemente los muslos... Ella estaba deseando girarse, abalanzarse sobre él. Besarle y sentir su polla durísima en su boca. "Date la vuelta". Las primeras palabras, por fin...

Pero siguieron unos segundos de silencio. Él admiraba su desnudez callado, pero ella no sabía qué estaba pasando. "Abre las piernas". Obedeció, aliviada. Cada vez estaba más excitada, aunque hacía un minuto que nadie le tocaba. Por fin, un beso en el pubis. Otro en la cara interna del muslo. Y durante dos minutos, una lengua experta en su clítoris. Incansable. Sólo dos minutos disfrutando. Ella quería cogerle la cabeza, acariciarle el pelo, pero no podía. Eran las normas. Era el juego. Empezó a subir besando su cuerpo... el vientre, el ombligo... mmm, los pezones, el cuello. Lo contrario a lo habitual. De abajo a arriba... por fin, llegó a los labios. Un cálido beso, mordisqueando bien los labios antes de introducir su lengua temblorosa… "Esto también estaba en la lista”, pensó. Excitadísima, de repente notó una pausa de unos segundos, para volver con los besos. De improviso, notó su polla. Se la metió de repente, bien adentro. Ufff, qué bien entró. Estaba empapada, eso era seguro. Le encantaba que se la metieran de una vez, después de prepararla bien. Era lo tercero de su lista... Una embestida completa, suave pero firme. Empezó a penetrarla bien fuerte, muy rápido. Se dio cuenta de lo mojada que estaba, estaba a mil. Quería quitarse la venda, quería ver los ojos azules del joven y su expresión de placer, pero no podía. Después sería su turno. Apenas en unos minutos sintió cómo él se corría... ¡al fin! Ella ya había gritado de placer cuando llegó su orgasmo, pero él no había dejado de follarla. Sólo había aminorado el ritmo, penetrándola más despacio, pero más a fondo. Pero ya había acabado la primera parte. Al fin ella podría quitarse la venda y tomar las riendas en cuanto él volviera del baño... ni un segundo antes...


Y vaya si lo hizo...