Ella esperaba en el banco frente al kiosko. Justo en el sitio acordado. Sola. Nerviosa. Estaba esperándole. Apenas se conocían, pero habían decidido jugar juntos. Tal vez no se gustaran. O tal vez les entrara una vergüenza inmensa. Era una locura. Debía irse. Pero a la vez estaba excitada. En seguida llegó él y se sentó a su lado. "Soy Hans”. Se dieron dos besos. "¿Quieres seguir adelante, o mejor simplemente charlamos y tomamos un café?”, preguntó él. "No. Estoy segura. No sé qué estoy haciendo. Pero sigamos adelante", respondió ella. Intercambiaron dos papeles doblados, y ella se fue. “No me hagas esperar, sube en cuanto recibas mi SMS”, dijo al darse la vuelta.
Él se quedó en el banco. La miró alejarse. No muy alta, su figura lucía bastantes curvas. Le gustaba cómo los vaqueros le marcaban el culo.Sonriendo abrió el papel, lo leyó y cerró los ojos. Habían quedado en escribir tres cosas que les gustan especialmente y tres cosas que no les gustan nada. Nada más. Se le hicieron quince minutos eternos. Ella subió a la recepción, cogió la llave y entró. Vestía ropa cómoda, de calle. Se desnudó completamente y se puso el tanga nuevo. Negro de encaje. Precioso. Nerviosísima apenas acertó a escribir en el móvil: "Habitación 1512”. Enviar. Se levantó, abrió la puerta que daba al pasillo y se volvió a la cama. Colocó una venda sobre sus ojos, suavemente. La ató bien firme y se tendió sobre el colchón temblando de excitación. No pudo evitar juguetear con dos dedos en su clítoris, por encima de la fina tela del tanga. Estaba mojada. Ya había merecido la pena la experiencia. Hacía meses que no se notaba tan excitada. Parecía que su corazón latía desbocado, queriendo salirse por la boca. Dos minutos después se puso boca abajo, justo como habían quedado. Escuchó cómo se cerraba la puerta y los pasos de alguien acercándose.
Sin una palabra unos dedos empezaron a acariciar suavemente sus piernas. A subir y a bajar. Despacio, muy despacio. Pero ella no podía moverse. Era lo pactado. Las manos la tenían muy excitada. Su respiración era muy profunda, y jadeaba cuando el chico acariciaba levemente la cara interna de sus muslos. De repente, unos labios recorrieron su nuca y su cuello, haciéndola estremecer. Sonrió al acordarse de que eso estaba en su lista. Besos profundos en el cuello. Mmmmm, qué ricos. Durante unos segundos no sintió nada, no oyó nada, y justo después volvieron los besos en el cuello, la nuca... bajando por los hombros... Pero esta vez él estaba encima, y podía sentir su calor. Se había desnudado, al menos casi del todo. Escuchaba su respiración, gozaba con sus besos y disfrutaba con su excitación. Le quitó el tanga muy despacio, besándola suavemente los muslos... Ella estaba deseando girarse, abalanzarse sobre él. Besarle y sentir su polla durísima en su boca. "Date la vuelta". Las primeras palabras, por fin...
Pero siguieron unos segundos de silencio. Él admiraba su desnudez callado, pero ella no sabía qué estaba pasando. "Abre las piernas". Obedeció, aliviada. Cada vez estaba más excitada, aunque hacía un minuto que nadie le tocaba. Por fin, un beso en el pubis. Otro en la cara interna del muslo. Y durante dos minutos, una lengua experta en su clítoris. Incansable. Sólo dos minutos disfrutando. Ella quería cogerle la cabeza, acariciarle el pelo, pero no podía. Eran las normas. Era el juego. Empezó a subir besando su cuerpo... el vientre, el ombligo... mmm, los pezones, el cuello. Lo contrario a lo habitual. De abajo a arriba... por fin, llegó a los labios. Un cálido beso, mordisqueando bien los labios antes de introducir su lengua temblorosa… "Esto también estaba en la lista”, pensó. Excitadísima, de repente notó una pausa de unos segundos, para volver con los besos. De improviso, notó su polla. Se la metió de repente, bien adentro. Ufff, qué bien entró. Estaba empapada, eso era seguro. Le encantaba que se la metieran de una vez, después de prepararla bien. Era lo tercero de su lista... Una embestida completa, suave pero firme. Empezó a penetrarla bien fuerte, muy rápido. Se dio cuenta de lo mojada que estaba, estaba a mil. Quería quitarse la venda, quería ver los ojos azules del joven y su expresión de placer, pero no podía. Después sería su turno. Apenas en unos minutos sintió cómo él se corría... ¡al fin! Ella ya había gritado de placer cuando llegó su orgasmo, pero él no había dejado de follarla. Sólo había aminorado el ritmo, penetrándola más despacio, pero más a fondo. Pero ya había acabado la primera parte. Al fin ella podría quitarse la venda y tomar las riendas en cuanto él volviera del baño... ni un segundo antes...
Y vaya si lo hizo...