Ya os he hablado de Ana y Ángel ¿verdad? Una pareja encantadora, a la que conocí por casualidad y que se convirtieron en mi pareja cómplice de amantes ocasionales. Él es delgado, moreno y fibroso. Bisexual muy activo y un amante incansable. Ella es tímida, algo llenita pero preciosa de cara. Con unas curvas para perderse en ellas, de piel suave, tímida y un volcán cuando se calienta.
Durante mucho tiempo quedamos una o dos veces al mes en unos apartamentos por horas. Siempre empezamos de charla, con unos bombones y un poco de champán, y poco a poco comenzamos dos o tres horas de sexo sin contemplaciones. Yo intento complacerlos. Les gusta utilizarme a su antojo, pero son muy respetuosos. Cuando nos conocimos buscaban un chico bisex para que jugara sobre todo con él mientras ella miraba, y participaba de acuerdo a sus deseos. Pero lo cierto es que en realidad sobre todo la complazco a ella. Ningún día nos vamos sin que la haya follado en cinco o seis posturas, sin que la haya arrancado tres o cuatro orgasmos ya sea con mi polla o con mi lengua… A él le dejo tocarme y lamerme. Cuando se calienta le encanta ver cómo se la chupo de rodillas en el suelo, y a mí me gusta que me coja la cabeza e intente meterme entera su gran polla en la boca. Sé que se muere por metérmela por el culo, pero lo hemos intentado varias veces y no funciona, siempre me acaba doliendo.
Una noche lluviosa me citan en un hotel a diez minutos de mi casa. Quieren pasar la noche conmigo. Quieren hacer algo especial. Me tienen preparada una sorpresa. A mí me encanta la idea, claro. Con los nervios apenas puedo dormir la noche anterior. La tarde del encuentro repito mi pequeño ritual de higiene y morbo. Me rasuro el pecho y el pubis muy cortito, y me afeito cuidadosamente la barba. Me tiro una hora en el baño preparándome mientras no dejo de imaginarme los detalles de la velada. Me ducho y me unto crema por el cuerpo, e incluso me doy un toque de colonia poco habitual en mi día a día. Luego me visto saliéndome de mi uniforme habitual, con unos pantalones más ajustados y una camisa. A veces incluso me pongo zapatos.
Al llegar al hotel me espera Ángel en la puerta. Pasamos alguna dificultad para subir a la habitación, porque a la recepcionista le parece sospechoso que un chico de veintipocos años muy arreglado suba a la habitación de los que dicen ser sus tíos. Se ve que no se cree nada, pero al final me sonríe y mira para otro lado. Al llegar a la habitación allí está Ana, preciosa como siempre. Después de los habituales besos y abrazos veo que me mira muy sonriente. Se le nota nerviosa e ilusionada. Me señalan la cama. Está llena de lencería. “Es para ti”, me dice Ana con la voz entrecortada. Se me acelera el corazón. Aún más de lo que lo tenía al subir. Les he contado mil veces mi fantasía de convertirme en una putita complaciente. Y han decidido ayudarme a hacerla realidad, al menos un poco. “Vuelvo en media hora”, nos dice Ángel guiñando un ojo. “Avisadme cuando estéis listas”, añade socarrón.
Desde ahí estoy tan nervioso que me dejo llevar… me tiembla el pulso, y estoy excitadísimo. “Venga, rápido, desnúdate”, me dice Ana. Está también nerviosa, pero se la ve muy emocionada. Siempre que les he contado mi fantasía le brillaban los ojos, y ahora tiene tanta ilusión como yo. Me desnuda y me mete en la ducha. Sin pensárselo dos veces me depila íntegramente desde el culo hasta los dedos de los pies. Mis piernas están morenas después del verano, y brillan incluso antes de que me las llene de aceite con olor a lavanda. Luego llega la parte difícil. Me lava el pelo para secármelo de forma diferente. Me queda muy ahuecado y brillante, no sé qué me habrá echado. Y me maquilla. Mucho negro en los ojos y rojo en las mejillas. La verdad es que creo que se le fue un poco la mano, pero se trata de conseguir el look prostutita. Y se consigue. Después de casi una hora en el baño pasamos al dormitorio.
Automáticamente mi polla se vuelve a endurecer al ver las medias. Muy despacio me enseña a ponérmelas y me las ajusta bien. Son unas medias de gasa negra muy suaves. Estoy excitadísimo con la sensación de esa suave tela contra mi piel… Para rematar tienen un culotte de encaje que me queda un poco ajustado, pero me encanta. El sujetador también me está justo, y lo rellena con unos calcetines que me hacen un pecho enorme. Me pone un suéter blanco de lana ajustadísimo y una falda de colegiala, plisada a cuadros verdes. Mi fantasía era más bien de estilo secretaria, con blusa, corsé y falda negra de tubo, pero aún así noto el encaje del culotte contra mi polla durísima. Uff, me miro al espejo de la habitación y me excito aún más. No creo que por la calle pasara por una chica de verdad, pero me gusta verme así. Ella opina lo mismo. Siempre me sonríe, y lleva ya un rato en el que cada vez que me ayuda con algo me acaricia la pierna, o me da un cachete en el culo. Saca el móvil y manda un mensaje a su marido. Me mira de arriba a abajo y me sonríe: “ahora te falta el toque final; siéntate”. Me siento en la cama mientras ella saca una caja del armario. Zapatos. De tacón alto. Preciosos. Altísimos. Cuero negro. Hebilla al tobillo. Doce centímetros. Son perfectos. Me los pone muy cuidadosamente, y me ayuda a levantarme. Me hacen un poco de daño, pero estoy emocionadísimo. Camino un poco por la habitación. Afortunadamente tiene moqueta y no hace demasiado ruido. Me planto delante del espejo y alucino con mis piernas. Encima de los tacones tengo unas piernas fuertes, pero preciosas. Moldeadas. Ella se acerca a mí y me acaricia las piernas. Me da la vuelta y me levanta la falda. Me veo el culo en el espejo, y me parece que es sensacional. Llaman a la puerta.
Ella me mira a los ojos y me sonríe. “Disfrútalo”, me dice. “Y hazle disfrutar”, añade guiñando el ojo izquierdo mientras abre la puerta. Entra Ángel, y me mira de arriba abajo. Automáticamente aparece un bulto en su pantalón, aunque no dice nada. Sigue mirándome durante un rato, dando vueltas alrededor. Se va acercando a mí, y por fuera del pantalón se acaricia su polla enorme. Toca mis pechos de mentira, pero me estremezco. Pasa una mano por mi mejilla maquillada, y me vuelvo loca. Baja para acariciarme las piernas, y la sensación de una mano fuerte por fuera de las medias hace que cierre los ojos y el corazón se me acelere. Le noto más caliente que nunca. Me coge de la cintura e intenta besarme, pero giro la cabeza. Sabe que no me atrae besar a otro hombre, y se desvía para besarme el cuello. Suspiro. Estoy deseando hacer algo más, pero estoy paralizado. Quiero estar de rodillas con su polla en mi boca. Pero él se toma las cosas con calma. Se pone detrás de mí, sigue besando mi cuello. Sus manos aprietan mis pechos y bajan delicadamente por mis piernas. Me aprieta contra él, mostrándome su polla inmensa contra mi culo. Sus manos buscan mi polla, pero no la coge, sólo la acaricia por fuera de las bragas y la falda. Me levanta la falta y me obliga con un movimiento a mostrarle lo mejor de mi culo, levantado por esos espléndidos taconazos. Apoyo los brazos en la cómoda tratando de complacer su capricho, y en seguida noto sus manos acariciando mi culo. El culotte cubre más o menos la mitad, pero el lo acaricia entero. La piel que queda fuera del encaje y por encima de la suave tela. Mete una mano a duras penas entre mi piel y las bragas, se gusta en cada caricia. Una fuerte palmada cae sobre mi culo, y sin saber cómo dejo esperar un pequeño grito femenino entre mis labios.
El sonido actúa como un resorte en su deseo. Me da la vuelta y me acuclilla frente a él. Desabrocho su pantalón y sin juegos previos mis hambrientos labios rojos engullen su polla casi entera. Ángel levanta su cabeza, la echa para atrás cerrando los ojos mientras su mujer se masturba en la butaca. Ella está totalmente desnuda, y en cuanto empiezo a chupársela a su marido se mete dos dedos. En menos de un minuto se corre escandalosamente, gritando y jadeando, sin dejar de mirar cómo mi boca se llena y se vacía rítmicamente, cómo una enorme polla juega con esos labios que ella maquilló cuidadosamente un rato antes. Yo estoy excitadísimo, llevo mucho rato empalmado. Estoy deseando correrme, pero en ese momento decido que aunque la fantasía sea mía no voy a correrme hasta que ellos hayan disfrutado a tope.
Parece que él no puede más. Ella se va al baño, y Ángel me aparta un metro. Sin dejar de mirar mi boca empapada se desnuda completamente y se tumba. Me ordena que me acerque. Gateo hasta su polla, y de nuevo comienzo a chupársela, aunque esta vez mucho más despacio. Me la meto entera en la boca, hasta la garganta, pero muuuuy despacito. Luego paso mi lengua por toda su polla, apretándola contra su pubis… al final cojo su capullo con la lengua y lo succiono, lo cubro con mis labios rojos y jugueteo con mi lengua. Disfruto chupándole la polla, disfruto como nunca había disfrutado. De repente doy un respingo. Ella ha vuelto y me quita el culotte. Ya no está desnuda. Lleva un arnés con un consolador delgadito. Sin dejar de sonreír me pregunta “¿puedo?”. No contesto. Sólo sonrío. Y vuelvo sobre la polla de Ángel. Siento una lengua jugando en mi culo, arriba y abajo. Me dejo llevar. Ya no puedo concentrarme. Sigo lamiendo la polla de Ángel, pero ya no soy dueño de mis movimientos. Mientras ella juega con su lengua con una mano coge mi polla para darse cuenta de lo dura y caliente que está…
Tres minutos después noto un gel muy frío, y luego un dedo entrando sin oposición aparente. Tengo la polla de su marido en la boca, pero me quedo congelado. Disfrutando de la sensación. Estoy tan caliente que me encanta. Me saco la polla de Ángel de la boca y le masturbo con la mano, mientras su mujer me folla con el arnés. Yo grito con cada embestida. Ella también. Nunca la había visto disfrutar tanto. Me folla con los ojos cerrados. Grita mordiéndose el labio inferior, y a la vez yo jadeo. Le dejo disfrutar un rato, pero yo quiero una polla de verdad. No tarda en volver a correrse, y justo aprovecho para pedirle un condón. Sigo chupando a su marido, pero en cuanto vuelve le pongo el preservativo y me subo encima de él. Le doy la espalda, quiero que disfrute de la vista. Mi precioso culo siendo atravesado por su enorme polla. Le monto, y vuelvo a excitarme al sentir mis zapatos de tacón, uno a cada lado de su cuerpo. Sitúo su polla justo en el lugar adecuado, arqueo la espalda y bajo mi cuerpo. No entra. Duele un poco. Su polla debe ser cinco veces más gruesa que el consolador. Ana trae un poco más de lubricante, y me ayuda sujetando la polla de su marido por la base. También coge mi polla con la otra mano, y yo vuelvo a intentarlo. Noto cómo esa polla tan gruesa se desliza dentro de mí, centímetro a centímetro. Ya no me duele. Nunca había estado tan excitado. Cuando está la mitad dentro me paro. Me siento lleno. Llena. No creo que pueda entrar más. Así que la saco un poco, para volver a meterla. Esta vez un poco más. Me gusta la sensación. Estoy encima de alguien, con una polla dentro. Tengo el poder, así que empiezo a moverme rítmicamente. Escucho sus jadeos. Salto sobre él mientras me coge el culo con fuerza, con las dos manos. Me lo estruja mientras yo sigo follándomelo, saltando sobre su polla. Ya está dentro casi entera, y a veces me viene una sensación de plenitud que no acaba de gustarme. Sin embargo la excitación es ingente, y tener una polla en mi culo también me da placer. Empiezo a follármelo más deprisa, y a jugar con el ángulo. Descubro que me gusta más tenerla dentro casi entera y move mi cadera hacia delante y hacia detrás. Además esto puedo hacerlo muy rápido, cada vez más rápido, delante y detrás. Me concentro en mis sensaciones, cierro los ojos y muevo mis caderas. Aparto la mano de Ana, que seguía masturbándome, porque estoy a punto de correrme. Parece que Ángel también está a punto de explotar.
De golpe se incorpora y me coge por la cintura. Me pone a cuatro patas y me la vuelve a meter muy fuerte, hasta el fondo. Me vuelve a doler, lo que hace que mi excitación baje un poco. Pero empieza a follarme cogiéndome fuerte de la cintura, y eso me pone. Siempre me ha gustado coger a una mujer de caderas generosas y embestirla fuerte desde atrás, notar ese placer de mi polla entrando hasta el fondo de su vagina mientras su culo choca contra mis piernas y sus labios mojados empapan mis huevos. Ahora me lo están haciendo a mí, y me encanta notar cómo las piernas de Ángel chocan contra mi culo. Sus gemidos cada vez son más intensos. Hace ocho meses que nos conocemos y hoy por fin ha conseguido follarme. Estoy a cuatro patas sobre la cama, y de repente veo cómo Ana se desliza debajo de mí adoptando la posición de un 69. Yo no estoy ahora para chupar, pero ella se mete mi polla en la boca. Al notar el calor y la humedad ya no puedo más y noto venir a mi orgasmo desde muy abajo, muy poco a poco. Con mi primer grito Ángel saca la polla de mi culo y se quita el condón. Siempre le gustó correrse sobre su mujer, y esta vez riega de leche mi espalda. Apenas empiezo a notar el líquido caliente sobre mí me corro automáticamente en la boca de su esposa. Una corrida tremenda, un orgasmo larguísimo. Me hubiera gustado correrme con la polla de Ángel dentro, pero la boca de Ana compensa. Le encanta el sabor de mi semen. La oigo tragar cuatro veces, y sigue un rato debajo de mí lamiendo mi capullo.
Ruedo sobre la cama para caer rendido boca arriba. Aún estoy vestido, y muy sudado por el suéter de lana. Cierro los ojos, y ella me desnuda suavemente. Ángel está duchándose en el baño, y ella me da las gracias mientras empieza a besarme en la boca. Sus besos son increíbles, siempre me encantó la forma de besar tan dulce y apasionada que tiene. Minutos después me susurra al oído: “aún no me has follado a mí”, mientras baja besándome todo el cuerpo hasta mi polla. Se la mete en la boca, y yo desconfío de que pueda follarla tan pronto. Succiona y succiona hasta hacerla ganar tamaño, y luego lame y mordisquea para hacerla ganar dureza. La coge firmemente con la mano y la masajea mientras vuelve a besarme con su arte habitual. En tres minutos se tumba sobre mí metiéndose mi polla de una vez. Está empapadísima, su coño parece un horno de tan caliente que está. Me folla muy despacio, con movimientos lentos y muy profundos, suspirando calmadamente. Yo mordisqueo sus pezones y su cuello, me encanta escuchar su excitación en mi pecho. No sé cuántos minutos estamos así, pero de repente me doy cuenta de que Ángel está de pie, a los pies de la cama. Con la polla dura otra vez en la mano, masturbándose muy despacio. Mirando el culo de su mujer. “Tú has tenido tu fantasía de la lencería y tú por fin has probado lo del arnés”, nos dice. “Ahora quiero probar una cosa que llevo años deseando”, no pide permiso ni nos explica nada. “Ángel, hazlo con cuidado”, le pide Ana: “dos pollas en mi coño”, me explica ella. En seguida noto la presión de la polla de Ángel, pero en lugar de sacar la mía la aprieto más adentro a la vez que beso en la boca a Ana. Poco a poco la otra polla va entrando, casi hasta el fondo. Ella pone los ojos en blanco, pero está disfrutando. “Folladme, folladme”. Nos intentamos mover, aunque tardamos un poco en sincronizarnos. Torpemente las sacamos un poco para después volver a meterlas, así hasta que nos podemos mover a la vez. Ella grita, muerta de morbo. Yo me lanzo a chupar su cuello mientras con mi mano derecha meto dos dedos en su culo. Ya la conozco bastante, sé que está a punto de correrse. Está fuera de sí, moviéndose entre los dos como una posesa presa de un ataque. Grita como nunca, se pega a mi cuerpo mientras tremendos espasmos cruzan su espina dorsal hasta que cae rendida sobre mí, casi inconsciente. Yo sigo follándola porque estoy a punto de correrme, mientras que Ángel prefiere terminar sobre su culo una vez más. Nuestros gritos ahogados van dejando lugar a un silencio que la verdad es que no duró demasiado a lo largo de esa noche…
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