viernes, 10 de mayo de 2013

Nadia boca abajo [2013]

Hans espera que abran la puerta. Está nervioso, como casi siempre que comienza un juego de este tipo. No sabe bien qué se va a encontrar al otro lado. Ha chateado con ella varias veces, se han enviado mails y han hablado por el móvil en un par de ocasiones. Pero a la hora de la verdad siempre le tiembla la voz y le da la sensación que las piernas no van a obedecerle.

Por fin ella abre la puerta y le sonríe. Le da dos besos, uno en cada mejilla, y le invita a pasar. Él, caballeroso, le cede el paso. Mientras caminan por el pasillo Hans intenta fijarse en sus caderas, tan estrechas en esos vaqueros superajustados. Tiene buen culo, muy redondito y carnoso. Cuando se sientan y se ponen a charlar Hans apenas puede concentrarse. Ella tiene unos ojos muy bonitos maquillados muy intensamente. La mandíbula es fuerte, un poco cuadrada y acaba en una barbilla afilada. Los labios son finos, y su sonrisa es muy agradable. Se llama Nadia, y tiene el pelo muy largo y muy oscuro. Ondulado, recién arreglado hábilmente con el secador. Han quedado para que Hans le haga fotos sexys. Y a ver qué pasa después, claro. Hans nunca se hace ilusiones en esas situaciones. Siempre que ese era el “plan” ha acabado  sucediendo “algo”. Al menos siempre que él ha tenido ganas. Pero el chico es inseguro, y siempre piensa que será ella la que no querrá que suceda nada más.
Un rato de charla y dos vinos después, Nadia le lleva al dormitorio. Ella quiere fotos en la cama, con lencería sexy. Sobre todo quiere lucir culo, que es lo que siempre le han dicho que destaca en su figura. Hans arregla un poco la cama para mejorar el resultado. Arruga un poco las sábanas blancas y quita cualquier objeto de las mesillas de noche. Nadia le mira fijamente sin hacer nada, con las manos en los bolsillos. También es tímida, y está nerviosa. En cuanto acaba le pide que salga mientras ella se prepara. Hans vuelve al salón a preparar la cámara. Se sienta en el sofá mientras formatea la tarjeta y ajusta los parámetros. Quiere empezar por unas fotos con una atmósfera mágica, con mucha luz. La piel morena de la joven destacará entre las sábanas blancas, con un leve contraluz. Un grito le sobresalta. Nadia le llama. Está lista para las fotos. 

Hans se levanta nervioso de nuevo. Nota la tensión en las piernas, y en cuanto entra al dormitorio siente la excitación dentro de sus vaqueros. La joven está boca abajo sobre la cama. Con la cabeza apoyada en una mano y los codos encima de las sábanas, ella le mira a los ojos con complicidad, con la frente ladeada. A Hans se le van los ojos. Y es que ella lleva un conjunto precioso de ropa interior negra, llena de encaje. Las medias de rejilla realzan sus delgadas piernas, y un tanga negro tremendamente fino eleva su culo a la enésima potencia. El sujetador va a juego, y con las rodillas dobladas por detrás asoman unos zapatos de tacón muy brillantes. El conjunto es perfecto. Tiene el aspecto ideal de chica joven e ingenua, cargada de picardía. Diseminados por la cama reposan varios objetos de atrezzo: un cuaderno a medio escribir, unas piruletas, un teléfono antiguo…

Aún con un gran bulto sobresaliendo del pantalón, Hans comienza a dirigir la sesión. Comienzan las fotos, primero con ella mirando a cámara. Está nerviosa e insegura, así que el fotógrafo trata de relajarla verbalizando lo atractiva que resulta con ese look. Ella aprovecha para observarle. Es un chico normal, bastante masculino. Alto y de hombros anchos, tiene los brazos fuertes aunque luce algo de barriguita bajo la camiseta negra. Las piernas largas dentro de los vaqueros negros, con la polla dura marcada a un lado. Cuando ella observa ese detalle no puede evitar sonreír con intención a la cámara. Sabe que resulta muy atractiva y apetecible, y eso le da un poder que no sabía que tenía. Hans también se da cuenta y avergonzado le pide que pase a una actitud más recatada, ahora sin mirar a cámara. Ella muerde un lápiz mirando hacia arriba, como si fuera una chica que nunca ha roto un plato. Pero ella se sonríe imaginando cómo será la polla del apuesto fotógrafo. Se muerde el labio. Humedece con la lengua su labio inferior, y Hans apenas puede refrenar su deseo de dejar la cámara a un lado y besarla.
Es hora de pasar al siguiente elemento de atrezzo. El teléfono antiguo. Ella juega con el cable sabiendo que él se derrite por dentro, y por fin le vuelve a mirar. Ya no le mira a los pantalones, sino directamente a los ojos a través del objetivo de la cámara. Ella es consciente de su atractivo animal, y él no puede dejar de mirar esos ojos y ese culo que ella levanta de vez en cuando. Nadia comienza a estar muy excitada, aunque le duelen un poco las caderas. Es el precio por estar preciosa en todas las fotos. “Hans, ayúdame un segundo”, le pide con vocecilla tímida, “quítame el sujetador y el tanga, quiero unas fotos sólo con las medias”. Hans obedece. Deja la cámara a un lado y se sube encima de la cama para desabrochar el sujetador. Ella levanta las caderas para ayudarle a deslizar el tanga, y antes de quitárselo tiene otra petición: “por favor, ¿te importa ponerme un poco de aceite? Es que quiero que la piel esté muy brillante”.

Hans traga saliva antes de coger la botella de aceite perfumado del cajón. Le molesta la polla tan dura todo el rato en esos gruesos pantalones, pero empieza a masajear firmemente la suave piel de la joven. Acerca su nariz a su nuca para comprobar lo bien que huele. Frota sus manos por la espalda y las piernas de Nadia, despacio pero con el pulso firme. Las piernas son delgadas y el culo redondo, y ella acompaña su masaje levantando y oscilando sus caderas. Por fin consigue recomponerse y levantarse para culminar la sesión de fotos. Ella adopta posturas imposibles con un gran protagonista: su redondo y brillante culo.

Veinte fotos después ella da por finalizadas las fotos. “A ver, déjame ver las fotos que me has hecho”, dice ella. Hans responde: “mira, has quedado guapísima”. Ella se levanta muy despacio y camina hacia donde está el fotógrafo. No tiene tetas, y al incorporarse deja visible una polla grande y bastante dura. Hans observa el vaivén de esa polla mientras los tacones resuenan en la habitación. Nadia le pasa un brazo por los hombros mientras el joven le muestra las mejores fotos en la pantalla de la cámara. De repente, ella empieza a besarle el cuello, haciéndole suspirar. Él cierra los ojos y se deja llevar por un mar de deliciosas sensaciones contradictorias. Cuando ella coge su cabeza con sus manos para atraer sus labios se siente abrumado. La besa, no piensa, sólo besa esos delicados labios intentando no pensar en nada más. Es la primera vez que besa a un hombre. Ha besado a varios transexuales que nacieron hombres y se convirtieron en mujeres, prescindiendo o no de sus pollas. Y ha tenido sexo con hombres, pero siempre sin besar sus labios. Pero  en ese momento disfruta del beso de Nadia, cada vez más firme y profundo. Cuando sus manos torpes e inseguras buscan el fantástico culo de la joven ella se separa unos centímetros para susurrarle al oído: “yo ya estoy desnuda y tú aún no”.

La joven se separa y se pone de rodillas para desabrocharle el pantalón, mientras él se arranca la camiseta. Efectivamente, no está delgado, pero también está bastante fuerte. Tiene un pecho ancho y robusto, y ella se mete su polla en la boca sin pensárselo. La polla de Shan es más corta que la de Nadia, aunque un poco más ancha. No está mal, aunque no llega a los 20 centímetros de la delgada joven. Ella está depiladísima, mientras que él sólo se ha rasurado. Nadia sigue chupando la polla de Hans con violencia, casi con prisa. Le ha desnudado por completo, y por fin el joven coge su cabeza para ponerla en pie. La abraza y la besa apasionadamente. Sus pollas se aprietan una contra la otra, aprisionadas por los cuerpos tan distintos. Son de una altura similar, ella con tacones y él descalzo. Pero él es mucho más ancho y de piel blanca, mientras que el cuerpo de ella es estilizado y moreno. Él es peludo, aunque tiene el torso rasurado, mientras que ella tiene la piel suave y brillante por el aceite.
Por fin ella coge las manos del joven y le arrastra hacia la cama. Se sienta al borde y le ofrece la polla. Él no la rechaza, no es la primera vez que excita a un hombre. Le gusta sentir una polla dentro de la boca, casi tanto como jugar con su lengua en un coño depilado. Le gusta llenarla de saliva y metérsela en la boca muy adentro, para luego sacarla despacio, dejando hilillos entre sus labios y el capullo. Le gusta comérsela de nuevo y acelerar, chuparla muy rápido hasta quedarse sin aliento y dejar a la otra persona al borde del abismo.

Ella se nota excitada y vuelve a tomar las riendas. Levanta al fotógrafo del suelo y le sienta en un sillón, un poco al borde. Después se lubrica bien el culo y le da la espalda, arqueando los riñones para intentar follarse esa polla que espera tan dura dentro del preservativo. Está muy caliente y va un poco rápido, haciéndose un poco de daño. Pero le da igual. Nadia quiere sentir esa polla dentro, quiere sentirse llena y excitarse aún más al notar cómo palpita en su culo. Hans la coge de las caderas para ayudarla. Tiene el culito estrecho y redondo, y se muere por follárselo. Ella apoya sus manos en los brazos del sillón, y con un grito consigue meterse más de la mitad en el culo. Se queda quieta respirando con dificultad, con los ojos cerrados, y despacio comienza a moverse muy suavemente. Poquito a poquito. En cada movimiento se mete la polla medio centímetro hacia fuera, y luego un centímetro haca dentro. Arriba y abajo. Despacio. Hans gime de placer, y aunque está deseando metérsela hasta el fondo se contiene para que sea ella la que maneje la situación. Despacio, muy despacio. Ella se siente llena. No parecía que él tuviera la polla tan grande, pero le gusta. Le gusta cómo Hans aprieta sus caderas con sus manos, y cómo le besa el cuello en cuanto ella consigue meterse la polla entera. Sus fuertes brazos la rodean, acariciando su pecho y su cuello, y busca sus labios para compartir su excitación. Entonces ella empieza a moverse. Le folla poco a poco, desde movimientos de cadera casi imperceptibles hasta casi sacarse la polla entera en cada embestida. 

Sus muslos se tensan con cada movimiento, y la mano derecha del joven coge su polla para masturbarle al compás de sus caderas. Hans se sorprende. Ella tiene la polla durísima, y parece que está a punto de correrse. Así que apenas la acaricia, se limita a sujetarla firmemente mientras ella sube y baja, arqueando la espalda. Él observa el cuerpo de Nadia. Le encanta ese culito respingón que tan buen trabajo está haciendo, y de repente lo siente desde abajo. Desde debajo de su polla comienza a subir una excitación incontrolable, y sus gemidos se convierten en gritos. Ella lo nota, y exagera cada movimiento. Cuando se mete la polla llega hasta el fondo, y cuando se levanta casi la saca por completo. Coge la mano del joven que estaba en su polla y la pone en su otra cadera, para que él domine los movimientos y el ritmo. Hans hunde sus uñas en la carne de la joven mientras la obliga a follarle más fuerte, más rápido. Más profundo. Nadia bombea arriba y abajo hasta que por fin consigue que el joven se abandone al placer y se deje ir en un orgasmo tremendo que dura más de un minuto. Ella conoce los ritmos de un hombre, así que progresivamente va dejando de moverse hasta descansar en los brazos del joven, con su polla aún dentro.


Un momento después, cuando el joven ha conseguido coger aire y recomponerse, ella gira el cuello para besarle con mucha delicadeza. Le sonríe con la picardía que tenía antes durante la sesión de fotos. Y acerca sus labios a la oreja del fotógrafo. Después de mordisquear el lóbulo derecho, le susurra una palabras que hacen que al hombre se le vuelva a poner dura: “Descansa, mi querido Hans. Porque ahora voy a follarte yo a ti”.

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