Hans se mira al espejo preguntándose aún cómo ha llegado tan lejos. La imagen que le devuelve el cristal le hace sonreír. Un cuerpo recién depilado, absolutamente desnudo. Fuerte y ancho, aunque no excesivamente pasado de peso, apenas un poco. Una mujer está acabando de extenderle una crema hidratante por todo el cuerpo, prolongando la excitación que le invade desde hace unas horas. Ella le acaricia la polla, que pese a todo sigue durísima. La mujer le sonríe mientras le acaba de untar crema con un vigoroso masaje en el culo. Después empieza a maquillarle como si fuera una mujer. Sobre todo los ojos y los labios, muy intenso aunque sin llegar a ser exagerado. Brillo y volumen. Labios rojos. Después pasan al dormitorio, donde la mujer le ayuda a vestirse. Primero una minifalda estilo ejecutiva, negra y muy brillante. Un tanga negro a juego con un liguero y unas preciosas medias de gasa. Muy elegante, una tira ancha de encaje con tres enganches por cada pierna. Sujetador con buen relleno y un suéter ajustadísimo de algodón muy fino, manga larga y cuello alto. Hans vuelve al baño para mirarse al espejo, pero ya no se reconoce. Ya no es él. Se ha convertido en Shana, y está a punto de hacer realidad su gran fantasía. Sonríe. Se ve guapa y sexy, provocativa. Y muy elegante. Camina hasta la cama para ponerse los zapatos. La mujer le ayuda. Son unos preciosos zapatos de cuero negro, con un tacón fino y altísimo. Una tira de cuero le cierra el tobillo con una hebilla metálica. El joven convertido en chica camina por la moqueta de la habitación, ayudada por la mujer. Poco a poco va cogiendo soltura con los tacones, acentuando su femineidad. La falda le roza al caminar, y eso le excita. Afortunadamente ella ha escondido hábilmente su polla, pegándola a la pierna.
Juntas recorren la Gran Vía, casi vacía a esas horas de la noche. Apenas una decenas de metros. Son dos figuras que llaman la atención. La mujer es guapa y está llena de curvas, también subida a unos zapatos de tacón altísimo. Lleva un corto vestido de color blanco, con un escote muy generoso. Aparenta unos cuarenta años, o tal vez algo más. A su lado camina con dificultad Shana. Un poco más rellena y mucho más alta, como diez años menor. De cerca se nota que no es una mujer, pero por la calle algunos hombres se giran para disfrutar cómo su culo redondito se ajusta a la falda al son de sus caderas bamboleantes. Se siente deseada, así que se olvida del dolor de sus tobillos. Los cuatro tacones resuenan en los adoquines mientras apenas dan la vuelta a la manzana.
Poco después vuelven al hotel. Se trataba sólo de sentir el morbo de exhibirse en público, de disfrutar de las miradas lascivas de la fauna nocturna madrileña. Se dirigen hacia uno de los salones del hotel con paso firme. En la mesa del fondo hay un hombre de espaldas que se levanta en cuanto se acercan. Viste elegante, con un traje de chaqueta color gris claro y una camisa blanca sin corbata. Sonríe a Shana, que le devuelve los besos con torpeza. Es muy alto y guapo, con el pelo muy corto y hombros exageradamente anchos.
“Estoy emocionado. Tenía esta fantasía desde hacía mucho tiempo, y estás guapísima”, le dice con galantería. Ella se sonroja: “Gracias. Tú también. ¿Subimos ya?”. Está nerviosa y un poco avergonzada, pero absolutamente decidida. Sin mediar palabra él se levanta y le ofrece el brazo gentilmente. Sshana se coge de un lado mientras que la otra mujer coge el otro brazo, y los tres juntos caminan pausada y silenciosamente hacia el ascensor. Vuelven a la habitación.
La mujer madura abre la puerta y se adelanta. Pone música y ajusta las luces para crear un ambiente íntimo y agradable. Prepara unos gintónics mientras Shana y el atractivo cincuentón se sientan en el sofá. La joven travestida está visiblemente nerviosa. Cruza las piernas mostrando más de lo que le gustaría. “¿Por qué no empezáis vosotras? Me gustaría ver cómo os besáis, ahí en la cama”. Su sonrisa inspira seguridad, aunque a Shana le cuesta decidirse. La señora da un largo trago a su gintónic y le tiende la mano a la joven, que antes de cogerla le imita con su copa. Juntas se arrodillan en la cama, y ella comienza a besarla muy despacio. Sus labios comienzan a jugar con los de Shana muy suavemente, mientras acerca su cuerpo para pegarse a ella. Se la ve hambrienta, con muchas ganas. Durante unos minutos explora la boca y el cuello de la joven, que pierde la voluntad por la excitación. Shana se deja llevar por esa preciosa mujer morena.
Él se desnuda lentamente, observándolas. Se queda sólo vestido con unos boxer blancos, bajo los cuales se puede adivinar un bulto de gran tamaño. Está muy musculado, es casi una montaña sin apenas grasa. Se deleita con el espectáculo, y justo cuando su mujer comienza a levantar la falda a Shana se levanta del sofá. “Os voy a hacer algunas fotos. Primero vestidas las dos”. Shana posa para la cámara abrazada a la excitada mujer madura. Por primera vez adopta posturas frente a un objetivo después de haber estado cientos de veces del otro lado de la cámara. Y se siente cómoda. Sexy. ”Cariño, enséñame el culo de SHANA, quiero ver su tanga”, él juega a provocar. Las dos mujeres obedecen mientras el obturador no deja de sonar. Shana arquea la espalda para mostrar a la cámara su culo redondo ceñido por el precioso tanga negro. Ella juega con la falda y la sitúa en distintos ángulos.
El atractivo madurito vuelve a tomar la iniciativa: ”Shana, quiero que desnudes a mi mujer. Quítale toda la ropa”. La joven obedece de inmediato. Primero desabrocha muy despacio la blusa ajustada. Es una blusa blanca, muy escotada. Ella mira fijamente a su marido mientras Shana le acaricia los pechos a la vez que hunde su boca en su perfumado cuello. Suspiran y poco después el sujetador cae dejando visibles dos grandes y redondas tetas, de pezones medianos muy duros. La joven atrapa uno de esos pezones con la boca arrancándole un gemido, y la mujer echa la cabeza hacia atrás mientras su marido no deja de hacer fotos. Se coloca a cuatro patas sobre la cama para que Shana la desnude del todo, y en cuanto lo hace la joven comienza a juguetear con su lengua en el culo de la señora. Ella levanta las caderas mientras Shana introduce su lengua en su coño, muy adentro. Está muy mojada, y gime de placer. Los clicks de la cámara dejan de sonar, y la mujer madura se da la vuelta para que Shana siga comiéndole el coño, ahora por delante. La joven disfruta viendo cómo se contrae la vagina por el placer, y unos minutos después levanta la cabeza. La atractiva señora ya estaba muy excitada, y la ha cogido por el cuello para besarla apasionadamente: “Ahora quiero que se la comas a mi marido”.
Él está sentado en la mitad del sofá, ya completamente desnudo. Tiene una enorme polla en la mano, y sonríe a su mujer. Shana obedece y se arrodilla en la alfombra para comenzar a lamer la polla de abajo a arriba. Ahora es la esposa la que ha cogido la cámara y fotografía cada detalle con mimo. Shana saliva con cada largo lametón, hasta que al final se mete la polla en la boca, muy despacio. Coge con la mano derecha la base del enorme miembro mientras acaricia con la izquierda los abdominales, y sube y baja, con la boca llena de saliva. Él respira cada vez más fuerte, y de vez en cuando la anima a seguir. Poco después se incorpora un poco y alarga sus fuertes brazos para subirle la falda a Shana, dejando visible casi entero el culo. Lo acaricia mientras ella sigue chupando, ahora un poco más fuerte. Un poco más profundo.
La mujer no aguanta más y deja la cámara, sacando del bolso un pequeño consolador, muy delgado. Se arrodilla detrás de Shana y empieza a acariciarla todo el culo, besándole el agujero. La joven da un respingo para luego empezar a mecer las caderas. Ella juguetea con su lengua, penetrándola levemente. Shana sigue chupando rítmicamente la polla de él cuando su mujer introduce el consolador muy despacito. Tiene forma de bala lisa y brillante, y está lubricadísimo. Shana gime, sorprendida, pero se deja hacer. Se queda quieta con la mitad de la polla en la boca unos instantes, hasta que ella se acostumbra y acelera el proceso de meter y sacar. No hay duda de que los tres disfrutan. Shana sigue con una bonita y deliciosa polla en la boca, dando placer a un hombre morboso y atractivo. Y ella tiembla visiblemente de excitación, posiblemente adelantando lo que está a punto de pasar.
Por fin se aparta para ponerse un arnés con un consolador un poco más grande. Lo lubrica a conciencia, y se acerca al culo de Shana. Hábilmente acerca la punta, y con un suave movimiento lo mete hasta la mitad haciendo que la joven grite de placer. Muy despacio lo saca casi del todo y lo vuelve a meter, con una cadencia deliciosamente lenta. Él se levanta del sofá y vuelve a hacer fotos. Shana se concentra en la cámara, para poder soportar la brutal excitación. Ella cada vez la penetra más adentro, hasta que por fin su cadera choca contra el culo de ella en una sonora embestida. Shana se siente llena por dentro, pero le gusta. Piensa en la polla de él, y la desea dentro. Caliente y palpitante. Pero no sabe cómo hacerlo, es el doble de grande que el consolador que la desborda. Las embestidas de ella son cada vez más fuerte, y las dos mujeres gritan a la vez.
De repente, la esposa se separa, visiblemente cansada. Pero él coge a Shana del brazo y la tumba en la cama, al borde. Boca arriba y con dos cojines bajo la espalda. Sujetándole las piernas en alto, su mujer le pone un condón y lo lubrica adecuadamente. El hercúleo señor grita cuando de golpe le mete a Shana su polla hasta la mitad. A ella le gusta. Ya le gustaba el consolador, pero esto es mucho mejor. Es más ancho, poro también es más blando. Y caliente. Muy caliente. Él comienza a follársela así, cada vez más fuerte, cada vez más adentro. La joven jadea y cierra los ojos, pero en seguida la atractiva madurita se pone encima, con el coño directamente sobre su boca. Shana comienza a lamer el clítoris deprisa, demasiado deprisa, y ella no tarda más de dos minutos en estallar en un tremendo orgasmo que casi las deja a las dos sin respiración.
Cuando se recupera se levanta y se acerca a su marido para besarle. Él sigue follando a Shana, y sonríe a su mujer: “Cariño, tiene un culito superestrecho”. Tras decir esto saca su polla y le quita el tanga, dejando al aire la polla de Shana. También está durísima y llena de venas, chorreando. La mujer no duda en metérsela en la boca hasta el fondo, mientras él sigue follándola. Shana se marea por un segundo, son demasiadas emociones, demasiados estímulos a la vez. Dos minutos después siente que no va a poder aguantar más, pero aún le queda algo pendiente.
Por primera vez toma la palabra: “Aaaahh… por favor, un momento, aún me queda por hace realidad una parte de la fantasía”; a la joven le cuesta hablar, presa de una enorme excitación. “Por favor, túmbate en la cama, boca arriba”. El hombre obedece, súbitamente interesado. Shana se sube encima de él, a horcajadas. Dándole la espalda. Se prepara bien y baja las caderas con la polla ya dentro. Él gime, encantado. La muchacha comienza a follárselo, arriba y abajo. La enorme polla cada vez entra más adentro, y Shana acelera el ritmo. Siente que tiene el poder, que controla el ángulo y la profundidad de la penetración. Él coge su culo carnoso por debajo de la falda y lo pellizca, lo palmea fuertemente. Su mujer ha cogido la cámara para inmortalizar el momento. Shana cierra los ojos y sigue levantando las caderas y dejándolas caer, cada vez más adentro. Ahora sí que se siente llena por dentro, con esa polla de más de veinte centímetros en su culo.
Él comienza a gritar nervioso: “Nena, sigue así… voy a correrme ya…”. La coge de las caderas para acompañar sus movimientos, obligándola a acelerar aún más. Cuando el adonis cincuentón comienza a correrse SHANA saca su polla por debajo de la falda y se masturba. Casi instantáneamente eyacula por toda la sábana, mientras aún siente las sacudidas del hombre dentro de ella.
Gritan los dos a la vez que la mujer madura hace las fotos más especiales de su vida.